Reseñas

“El entretenimiento es el único protagonista”

Novela ligera de aventuras donde el entretenimiento es el único protagonista. El único pero, a mi parecer, es la visión tan partidista que hace del conflicto de los Bóxers. (nota: 7,5)

Nicoxx, en Lecturalia (mayo de 2015)

Os dejo esta nueva opinión de un lector que he encontrado en la red de lectores, Lecturalia.  Esta y muchas más opiniones de lectores que ya han disfrutado de la novela las podéis encontrar en esta página del blog.

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Cargada con libros: “Los últimos días del imperio celeste es un ir y venir de sensaciones”

cargada

Volvemos de las merecidas vacaciones y nada mejor, para ello, que empezar con un buen comentario del libro…

Marina Ortega, bloguera de Cargada con libros (por cierto, me encanta la cabecera de su web), ha tenido la gentileza de reseñar Los últimos días del imperio celeste en su blog. La verdad es que parece que le ha gustado, así que seguimos sumando opiniones positivas. ¡Muchas gracias!

 

Empezamos nueva semana, la última de julio porque antes de que nos dé tiempo a pestañear tenemos aquí a agosto, con sus rutinas de verano: calor, feria y vacaciones. ¿No pinta mal verdad? Tampoco tiene mala pinta la novela de que os quiero hablar hoy en esta reseña. Un libro que leí con ganas e interés durante la semana pasada y que vengo dispuesta a recomendaros su lectura: Los últimos días del imperio celeste de David Yagüe.

Año 1900, China. Una sociedad secreta, los llamados boxers, amenazan con acabar con todos los extranjeros instalados en la región. En Pekín, un veterano de la guerra de Filipinas y el hijo de un comerciante inglés se ven envueltos en un extraño y complicado robo de antigüedades. Mientras eso sucede, un matrimonio de misioneros británicos sufre el horror de la guerra en una apartada aldea. Los destinos de todos estos personajes se verán la confluencia de un camino marcado por guerra, el odio, el horror y el calor del verano de 1900 en China.

Segunda novela del escritor David Yagüe y segundo libro que leo gracias a su generosidad Si en su anterior novela, Bravo Tango Siete, el contratista, la guerra tenía un papel fundamental dentro de la trama del libro, en este caso, un conflicto armado vuelve a llenar las páginas del libro. Estamos en China, a principios del siglo XX y se está fraguando un conflicto de dimensiones inimaginables. Dividida en dos partes, la primera de ellas sirve para que conozcamos a los personajes que irán apareciendo de forma salteada hasta que nos hagamos una idea precisa de qué puede suceder en las próximas páginas. Es decir, que conforme está estructurada la novela no tenemos muy claro qué nos puede esperar más adelante, eso se va descubriendo poco a poco. En la segunda de ellas, ya sí somos consciente del conflicto y la narración está algo más ordenada, por así decirlo.

Como viene siendo habitual en mí, tengo que destacar el periodo histórico en el que se sitúa la trama: China. Confiesa que me gusta de vez en cuando leer novelas ambientadas en periodos históricos pasados y en oriente porque, sabiendo que son novelas, despiertan mi curiosidad algunas costumbres o datos que se dan. Y ese ha sido el caso de esta obra, donde se relata quiénes fueron los boxers, una sociedad secreta con connotaciones políticas y practicantes de las artes marciales. ¿Su objetivo? Expulsar a los extranjeros establecidos en China. A todo esto hay que añadirle el papel de la dinastía china en el conflicto, papel que se personifica en laemperatriz Ci Xi.

Ramón Álvarez, Vladimir Noskow, James Liddle, Liu Han son algunos de los personajes ficticios de esta novela donde, como os podéis imaginar, hay también algunas reales como la emperatriz Ci Xi o el príncipe Tuan.

De trepidante ritmo, la lectura de Los últimos días del imperio celeste es un ir y venir de sensaciones, personajes y misterios que sólo se entienden cuando el autor pone punto y final a su novela.

Los últimos días del imperio celeste de David Yagüe es un viaje al pasado, a la China de 1900 y, por ende, a los últimos días del imperio manchú. Guerra, luchas y algún que otro misterio empapan las páginas de esta novela que, como ya intuís, me ha gustado mucho y recomiendo fervientemente.

 

 

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La novela antihistórica: “El autor se merece un aplauso, una cerrada ovación”

novelantihistorica

 

Hoy os dejo una reseña que, la verdad, me sorprendió por lo positiva y por la valoración que hace de las intenciones de la novela y su ambientación. La verdad, uno se queda sin palabras, pero feliz, cuando lee cosas como esta, que ha escrito Carlos Rilova Jericó en el blog La novela antihistórica. Gracias.

Quizás sea una exageración decir que los lectores españoles han tenido que esperar 55 años para que, al fin, se publicase una novela como la de David Yagüe.

Llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

O tal vez no. Si contamos bien desde que se realizó, en España, y se estrenó, la película que es la inmediata referencia de esa novela, la apabullante “55 días en Pekín”, casi son los años, 55, que han pasado desde que esa película, para asombro de propios y extraños, contaba en pleno Tardofranquismo que España -oh sorpresa- había estado metida en magnas aventuras internacionales como las que salían en las películas del Hollywood que algunos llaman de la “Era dorada” y de las que esa película, “55 días en Pekín”, es una buena muestra.

Pues sí, desde entonces todo ha sido -o casi- silencio sobre las escasas escenas de esa película en las que resulta que aparece una legación española en Pekín, con su bandera roguigualda, su himno y hasta un apócrifo embajador español que aconseja a David Niven -interpretando al embajador británico en Pekín- sobre lo que hay que hacer ante la inminente rebelión de los boxers.

Y si no ha habido silencio, ha habido toda clase de especulaciones acerca de la razón para que apareciesen tales cosas en un contexto tan extraño para ellas como una película de aventuras del Hollywood clásico.

Incluso que eso -lo de la bandera, el himno, el embajador español codeándose con los de otras potencias europeas- era sólo una concesión al país, España, que había puesto escenarios, estudios y mano de obra barata para que se rodase esa película ya mítica.

Hasta este año 2014 poco más sensato se ha dicho. Se ha escrito algún que otro artículo, se ha hecho mención al asunto en alguna tesis doctoral, incluso se ha escrito algún que otro relato -“En la ciudad imperial de Pekín (1900)”https://lacoleccionreding.wordpress.com/2012/10/18/se-puede-hacer-mejor-7/– que no ha salido del aún mal aceptado mundo digital.

Por lo demás, por lo que respecta al tema de España y la rebelión de los boxers, para el gran público, ese que consume cultura a través de las grandes superficies y siguiendo el dictado de las grandes empresas del sector, ese país no pintaba nada en el asunto y, sí, seguramente, lo que se veía en “55 días en Pekín” era sólo una fantasía urdida por los productores para halagar la vanidad del país -aquel país tan peculiar, aquella democracia orgánica que empezaba a saber lo que eran un bikini, los Beatles, los Ye-Yés, etc…- que les ofrecía marcos incomparables, estudios también más o menos incomparables y, sobre todo, mano de obra barata y costes muy reducidos gracias al diferencial entre su moneda y las divisas manejadas por Hollywood.

Así las cosas, ha habido que esperar a que un nacido en plena España de la Transición llegase a las puertas del gran negocio editorial español, llamase a ellas, se las abriesen en lugar de echarlo a patadas por la puerta de servicio y así perpetrase la hazaña, gran hazaña, de escribir una novela en la que, blanco sobre negro, se informa al gran público de que no, de que es absolutamente verídico, un hecho histórico comprobable, que España tenía una legación en el Pekín imperial de 1900, junto a la de Japón, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos…, con su bandera, su embajador y todo lo demás que los boxers querían destruir.

Sólo por eso David Yagüe, el autor de la hazaña literaria en cuestión, titulada “Los últimos días del Imperio Celeste”, se merece un aplauso. Incluso una cerrada ovación.

Y, por supuesto, que los lectores se tomen como un deber comprar, leer y recomendar esa primera novela histórica de David Yagüe.

Más que nada porque, de momento, ese es un tesoro verdaderamente difícil de encontrar en el mercado literario español.

Detalle de la llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

En efecto, “Los últimos días del Imperio Celeste” ofrece de manera amena pero, en general, bien documentada, una información verdaderamente valiosa para unos lectores -los españoles- que -no nos engañemos- desconocen todo sobre un episodio apasionante de su Historia reciente que, en efecto, está a la altura de cualquier cosa que nos pueda contar Hollywood.

Las aventuras de Ramón Álvarez, el protagonista de “Los últimos días del Imperio Celeste” en la caliente China de la primavera y el verano del año 1900, son perfectamente razonables y plausibles. Tanto como lo pueden ser las de cualquier protagonista de una novela anglosajona de las que, hasta la fecha, han tenido colonizado nuestro mercado cultural.

Como descubrirán enseguida los lectores que se aproximen a esta primera -y esperemos que no última- novela histórica de David Yagüe, se trata de un personaje bastante redondo: un niño de buena familia madrileña, del Madrid de Pérez-Galdós que Yagüe tiene la intuición, el buen sentido, de describir, aunque sea con unas leves pinceladas, como una realidad que trasciende a los tópicos literarios del autor de los “Episodios Nacionales”. En efecto, Ramón Álvarez ha sido enviado a la guerra en el año 1898 por su padre, un hombre de negocios de éxito, negándose a comprarle un sustituto que lo reemplazase en las selvas del frente filipino, para que espabile un poco y siente la cabeza.

Vano esfuerzo, pues Ramón se convierte allí, más que en el héroe que su padre espera, en eso que los franceses de hace cien años llamarán “emboscado”. Es decir, alguien que procura ponerse de perfil en el servicio de combate. Tanto que a veces ni siquiera lleva el uniforme azul horizonte llevado por miles de cadáveres que llenan el centro de Europa entre 1914 y 1918.

Ramón Álvarez, en efecto, se dedica a todo menos a combatir a los yankees y a los tagalos, buscando aprovecharse de la situación, dando tumbos de aquí para allá hasta que acaba, tras el fin de la guerra, en China. Va allí en compañía de otro aventurero trapisondista como él, Luis Garrea, que, también como él -y miles de occidentales y japoneses-, cree que el agonizante imperio chino puede ser la tierra de las oportunidades.

Es así como Ramón acaba metido en un turbio asunto de robo de antigüedades chinas que levanta el telón del trasfondo histórico, real -descrito con tanta veracidad en “Los últimos días del Imperio Celeste” que a veces parece pura y simple crueldad-, de la China de 1900, que, en un último esfuerzo, se alza contra los “kuei tseu”. Los demonios colorados, los extranjeros, fundamentalmente europeos, que han conseguido, con su superior tecnología, poner de rodillas a ese imperio que, como nos señala con buen criterio y mejor documentación David Yagüe, se considera el centro del Mundo.

Arrollado por esos hechos, Ramón empezará un viaje iniciático que lo va a llevar muy lejos del punto en el que ha empezado, convirtiéndolo en una persona también muy distinta, forjada en medio de los turbulentos acontecimientos que han pasado a la Historia como la “Rebelión de los boxers”.

Así Ramón se cruzará con el señor Cólogan, el embajador español en Pekín en ese año 1900 que, como recordaba Javier Sanz -uno de los pocos historiadores que ha tratado de sacarlo del olvido- en su blog “Historias de la Historia”, es poco menos que ninguneado en “55 días en Pekín”. Para empezar siendo cambiado su nombre por otro que nada tiene que ver con el verdadero del hombre que estaba allí, en Pekín, representando a España en 1900, en aquel volcán que es la China de la rebelión de los boxers.

No es ese el único encuentro que tiene Ramón. Ha llegado a la embajada española perseguido por, en efecto, un turbio asunto de tráfico de antigüedades en el que están interesados todos los tipos habituales en la China de 1900.

Es decir, desde funcionarios de la decadente corte imperial, boxers, chinos que quedan al margen de esos asuntos a la espera de acontecimientos futuros que se prolongarán hasta la Segunda Guerra Mundial -y, de hecho, hasta la actualidad-, hasta, sobre todo, diplomáticos europeos. Principalmente británicos y estadounidenses. Todo eso llevará a Ramón Álvarez a relacionarse con otros personajes de esas nacionalidades con los que compartirá una serie de aventuras dignas sino de la versión china de esos hechos -la del premio Nóbel Mo Yan también recientemente publicada-, sí de “55 días en Pekín”.

Detalle de la llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

Hay así en el camino de Ramón Álvarez misioneros como el matrimonio Liddle, formados por una fogosa y temperamental irlandesa y un equivalente británico de Ramón Álvarez. Es decir, un hijo de buena familia demasiado aventurero y audaz que ha acabado en el Ejército y de ahí, dando tumbos, en ese territorio fronterizo que es la China de 1900, tan turbulento que sólo puede estar lleno de oportunidades para gentes tan temerarias como él. Tanto que, como Álvarez, también está metido, en secreto, en el trafico de antigüedades chinas expoliadas por personajes de alto rango europeos, que ven aquella China imperial moribunda como un coto de caza particular.

Junto a los Liddle, Álvarez irá encontrándose con muchos otros. Desde personajes históricos con un papel muy destacado en la rebelión de los boxers como la emperatriz china Ci-Xi y el príncipe Tuan o el embajador alemán Von Klemens, hasta otros personajes ficticios que, sin embargo, como los Liddle, retratan muy bien aquella China a punto de sufrir una gigantesca convulsión, una transformación tan profunda como la que Europa sufrirá catorce años después con la Primera Guerra Mundial: el viejo traficante Lao Chiang, mentor de Álvarez y sus compañeros en las aventureras que les suceden en medio de aquella vorágine, el perverso bóxer Liu Han, encarnación de todo lo que provoca la rebelión de ese mismo nombre, el mandarín Kong Dao, que explica esa misma Historia desde el punto de vista del fracasado partido reformista chino, que trata, como bien explica la narración de David Yagüe, de hacer en China lo mismo que se había hecho del Japón del emperador Meiji, aventureros salidos del declinante “Salvaje Oeste”, como William Morgan, que, como Ramón Álvarez -o James Liddle- también ha llegado a China en parte por fascinación hacia ese exótico país tras casarse, y enviudar, de una china, como muchas otras enviadas a construir el ferrocarril para el que trabaja como pistolero Morgan, y un largo etc… que los lectores irán descubriendo por si mismos.

Todos ellos, en cualquier caso, son piezas que encajan en un conjunto que dibuja, con bastante exactitud, la China que desaparece engullida bajo la rebelión de los boxers que, como se deja ver en las páginas de esta novela, es la perfecta excusa para que las potencias europeas acaben de lanzar sobre ese imperio moribundo sus últimos y más certeros zarpazos.

Todo eso -y probablemente más- es lo que sacarán los que lean “Los últimos días del Imperio Celeste”.

¿Hay algo que no encontrarán en esas páginas y tal vez deberían encontrar?. Hilando muy fino se puede señalar que David Yagüe no termina de deshacerse del turbio complejo de inferioridad -ese “canon idiota” del que a veces se ha hablado en “La novela antihistórica”- tan inherente, al menos hasta ahora, a la novela histórica y “bestseller” española.

En efecto, Cólogan aparece en “Los últimos días del Imperio Celeste”, es revindicado por su verdadero apellido y más allá del relativamente triste papel que se le reserva en “55 días en Pekín”, pero, sin embargo, David Yagüe no acaba de darle todo el papel que hubiera merecido. Por ejemplo subrayando más, como si se hace en el artículo que Javier Sanz dedicaba a este personaje en “Historias de la Historia”, que Cólogan era el decano de los embajadores europeos en Pekín y que tiene un ascendiente sobre la corte imperial china que no tienen otros representantes diplomáticos allí presentes en 1900. Como el alemán Von Klemens que, sin embargo, disfruta de mucho más papel en la novela.

De hecho, en “Los últimos días del Imperio Celeste” no se recuerda con suficiente claridad que la decisión de resistir en el barrio de las legaciones en lugar de tratar de huir de Pekín antes de que estalle la rebelión bóxer, fue impuesta -no sugerida como se veía en la película- por Cólogan en su calidad de decano del cuerpo diplomático en Pekín, alegando que sería un suicidio intentar llegar hasta la costa, saliendo al encuentro de las tropas aliadas que vienen en su socorro. Hecho señalado hace ya bastantes años por Fernando Gómez de Val en un artículo sobre el tema publicado en la revista “Historia y Vida” en 1988.

Igualmente David Yagüe, y en esto coincide con Javier Sanz, se deja llevar por el que podríamos llamar “Mito del 98”, que siempre conduce a deducir que la derrota en Cuba y Filipinas ha dejado completamente fuera de juego a España a nivel internacional.

Algo que se desmiente con sólo revisar la correspondencia diplomática de colegas de Cólogan en la fecha. Por ejemplo, del destinado en Londres, aparentemente el centro del poder internacional en la fecha. El donostiarra Fermín Lasala y Collado, que revela a Madrid que Gran Bretaña en esos momentos -por así decir- ha agarrado más de lo que puede, enfangándose en la larga e inacabable guerra del Transvaal en la actual Sudáfrica. Trampa internacional que en esos momentos llevaba a Gran Bretaña a una extraordinaria amabilidad hacia España, tratando de resarcirla por haberla dejado abandonada frente a Estados Unidos en 1898.

Una actitud poco conocida, pero no por eso menos cierta, menos históricamente comprobable, que se concreta en la decidida apuesta española de rehacer su imperio colonial en África, precisamente desarrollando una alianza con una Gran Bretaña más que dispuesta a tener un aliado contento en la zona y, por si acaso, a espaldas de Francia.

Algo que alienta proyectos nada descabellados como el que sugiere ese mismo embajador en Londres en 1900: enviar a Taku, a la costa china, al Carlos V -uno de los más poderosos acorazados de la época- para dar a España un papel preeminente en las negociaciones que iban a seguir a la derrota boxer y que, en realidad, dada la influencia de Cólogan en la China pre y postboxer, como indicaba Javier Sanz en su artículo, era, en principio, un gesto de fuerza eficaz pero, quizás, superfluo.

Sin embargo, pese a la falta de detalles como estos -quizás todavía demasiado especializados- en “Los últimos días del Imperio Celeste”, no se puede pedir más a la novela de Yagüe. Hay que constatar, porque es justo constatarlo, que ya ha hecho bastante consiguiendo escribir y publicar una novela que en Inglaterra, Francia o Estados Unidos es perfectamente normal y que en España, para nuestra desgracia, ha sido hasta ahora una verdadera rareza.

Detalle de la llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

Sólo queda, pues, acabar deseando mucha suerte al autor y muchos años por delante para escribir muchas novelas que hagan de “Los últimos días del Imperio Celeste” un buen comienzo de una buena carrera literaria.

 

La reseña original.

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TodoLiteratura: “Prosa ágil, trepidante (…) una historia muy bien ambientada”

todoliteratura

Aquí os dejo una de las últimas reseñas que han aparecido de Los últimos días del imperio celeste. Ha sido en la web TodoLiteratura y la reseña no puede ser más favorable. Aquí os la dejo:

 

Roca Editorial ha publicado “Los últimos días del Imperio Celeste“, la segunda novela del periodista y escritor David Yagüe, quien ya nos sorprendió con su debut en Bravo Tango Siete. El Contratista y quien participa este año en la Semana Negra de Gijón. En este libro, nos presenta una trama trepidante ambientada en China en el año 1900 durante el levantamiento de los bóxers.

En China en el año 1900 un calor asfixiante parece anunciar el fuego de la guerra en el norte del país. Una sociedad secreta, los bóxers, amenaza con acabar con todos los extranjeros de la región, ante la pasividad de la corte manchú y la incredulidad de las potencias occidentales. En Pekín, un español veterano de la guerra de Filipinas y el hijo de un comerciante inglés se ven envueltos en un extraño robo de antigüedades.

Mientras tanto, un matrimonio de misioneros británicos sufre el horror de la guerra en una apartada aldea y un mandarín chino caído en desgracia tiene que aceptar una misión imposible al servicio de sus acérrimos enemigos de la corte imperial junto a un aterrador boxer de rostro deformado. Los destinos de estos personajes se cruzarán en una trepidante historia de aventuras, de lealtad y ambición, amor y traición, en aquel tórrido y sangriento verano de 1900, en el que el mundo entero contuvo el aliento con la vista puesta en China.

Los últimos días del Imperio Celeste es una novela que reproduce a lo largo de sus páginas el ambiente que se vivía en China durante los años que duró la rebelión de los bóxers, tanto en una ciudad de Pekín en la que el barrio que contenía las embajadas fue sitiado con numerosos extranjeros dentro pese a que inicialmente se consideró la revuelta como un hecho lejano que nunca podría llegar a la capital, como en las ciudades de China más aisladas, fundamentalmente en los asentamientos de chinos cristianos y misioneros europeos en las que se vivieron verdaderas masacres.

A su vez, en esta novela somos testigos del inmenso choque de culturas que se estaba viviendo en China, tanto por la presencia notoria de las potencias europeas y los territorios que iban adquiriendo en el país como por el giro revolucionario de la sociedad japonesa hacia la modernización, lo que les llevó en pocos años de estar pagando tributos a China a resultarles una verdadera amenaza. Y mientras, en China vemos cómo la gran mayoría se aferra con fuerza a las tradiciones y a la dinastía Qing pese a su pésima administración para derrochar odio contra los extranjeros y los chinos cristianos.

Y en esta época tan convulsa, David Yagüe nos narra las historias de diversos personajes que van desde diplomáticos, comerciantes, misioneros y estafadores europeos hasta chinos bóxers o cristianos, además de espías y personajes reales de la alta política del Imperio Celeste.

En definitiva, en Los últimos días del Imperio Celeste, David Yagüe, con una prosa ágil, trepidante y capítulos cortos que se asemejan a escenas cinematográficas, nos narra una historia muy bien ambientada que transcurre en una época histórica bastante interesante pero poco tratada en la literatura y bastante desconocida.

Reseña original.

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Reseña: “Un autor inteligente capaz de entretener de principio a fin”

ismael

 

Hace unos días el bloguero y escritor Ismael Cruceta reseñó en su web Cajón de Historias Los últimos días del imperio celeste y aquí está su opinión sobre la novela.

 

Los últimos días del Imperio Celeste es la segunda novela de David Yagüe. Una novela de aventuras ambientada en China en 1900, cuando se gestó y eclosionó la rebelión de los bóxer, un grupo organizado que quería evitar la injerencia política y social de las potencias extranjeras, especialmente europeas, en el país asiático.
Es una novela coral en la que los protagonistas son, en su mayoría, expatriados en China, como el español Ramón Álvarez, un buscavidas; Paul Kelly, un comerciante; o el misionero británico James Liddle. El libro narra las vicisitudes en las que se ven envueltos algunos personajes tras la desaparición de una antigüedad de enorme valor. Y por otro lado, funciona como un interesante documento para acercarse a la historia del gigante asiático.
Es un libro muy dinámico, que va concatenando las acciones para atrapar al lector. Una de las cosas que más me ha gustado es cómo se explica el conflicto que va generándose entre chinos y extranjeros, y que finalmente estalló dejando un gran número de muertos, y lo que es más importante, sentando las bases de lo que sería la caída definitiva de la dinastía Qing, que tuvo lugar en 1911. Yagüe es capaz de narrar los sucesos desde diferentes ópticas, permitiendo al lector que conforme su propia imagen de los porqués de esta rebelión que marcaría definitivamente la historia de China hasta nuestros días.
He echado en falta, sin embargo, que hubiera un protagonista absoluto. Un personaje perfilado con más precisión que se convirtiera en el eje de la acción. Al principio, parece que será Ramón Álvarez, pero finalmente este cede el protagonismo, siendo la novela puramente coral, lo que, a mi modo de ver, le resta fuerza, porque el lector no termina de implicarse del todo con un personaje, acompañarle de principio a fin en su dicha o en su desgracia, aunque alguno de ellos tienen destellos de brillantez, como el de Sarah Liddle, o los mencionados antes.
David Yagüe demuestra su buen hacer a la hora de narrar acontecimientos cargados de acción, de hacerlo con una técnica muy visual y cinematográfica, lo que facilita la lectura e introduce al lector en el libro. Por el contrario, hay un par de momentos melodramáticos en los que no se logra crear el drama necesario que conmueve o emociona.
Los últimos días del Imperio Celeste es una novela de aventuras muy recomendable para todos aquellos interesados en la Historia Universal, también para los amantes de la novela histórica y una oportunidad para el público, especialmente el juvenil, de acercarse a estos acontecimientos contados con pasión. Un libro que merece la pena recomendar hoy porque en él hallamos un autor inteligente que es capaz de entretener de principio a fin.
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Reseña: “Una novela que os mantendrá pegados al asiento”

libros

Hace poco la bloguera Laky reseñó Los últimos días del imperio celeste en su blog Libros que hay que leer. Esta es su opinión:

 

“Los últimos días del imperio celeste” es una novela histórica que demuestra, una vez más, que la novela histórica no se merece esa fama de aburrida que tiene en algunos sectores. Es histórica, sí, pero también es una novela de aventuras que hará las delicias, tanto del lector que busca aprender algo como del que sólo busca mero entretenimiento.
La novela transcurre en China, durante el verano de 1900. Fue el verano en que tuvo lugar la revolución de los bóxers, o levantamiento de los bóxers, o levantamiento Yihétuán (los puños rectos y armoniosos). Fue un movimiento que protestó contra la influencia comercial, política y religiosa de diferentes potencias extranjeras en China. Aunque ya hacía un tiempo que en diferentes sectores no se veía bien la injerencia de tales potencias, en aquel verano todo explotó y tuvo lugar una revuelta armada en la que murieron más de doscientos extranjeros, miles de chinos cristianos y, por supuesto, bóxers y sus simpatizantes.

Tras las dos Guerras del Opio entre Reino Unido e Irlanda y China (China quería prohibir el tráfico de opio mientras que los británicos e irlandeses se hacían de oro con él), ganadas por los europeos, China tuvo que aceptar las condiciones de los tratados de rendición y abrirse a los extranjeros. Al poco, fueron los franceses, rusos y japoneses los que aumentaron sus actividades en China y firmaron tratados de apertura.
Así, en la novela, se nos muestra una China con una fuerte presencia de extranjeros, que tenían sus propios barrios en la ciudad de Pekín. Legaciones comerciales, misioneros que convertían al cristianismo a muchos chinos, crisis económica…, el caldo para la guerra estaba en ebullición. Y explotó, claro.

La dinastía Quing era débil y no podía hacer nada frente a la superioridad extranjera.

El pueblo entero estaba rabioso y los bóxers (en inglés, porque luchaban como boxeadores) o puños rectos y armoniosos (en chino) fueron los canalizadores de esa rabia. Se levantaron en el norte y empezaron matando misioneros y chinos convertidos al cristianismo.

La novela va a describirnos un episodio que se considera el detonante de la guerra: los misioneros reclamaban una iglesia que para los lugareños era un antiguo templo local; los bóxers la atacaron y mataron a muchos misioneros. El autor aprovecha para, basándose en estos hechos rigurosamente históricos, introducir a unos personajes ficticios que van buscando algo más: una antigüedad, un dragón de oro que obnubila a quien lo ve. El ataque a la iglesia-templo, la huida de un grupo de misioneros y los extranjeros que le ayudan a escapar, la llegada a Pekín, el ataque a las embajadas extranjeras en Pekín, todo esto está contemplado en una novela que, como podéis imaginaros, está llena de aventuras.

Rigurosamente histórica en cuanto a los hechos que narra, ficticia en cuanto a muchos personajes y la trama que los une.

La trama es entretenidísima pues al interés por la parte histórica se une el ritmo de las aventuras que protagonizan los personajes ficticios. En ella cabe de todo: crímenes, historias de amor, historias de amistad, lealtad, deslealtad y traición…

Al principio, David nos va presentando una serie de personajes muy heterogénea. Ramón, el español que llegó a China desde la guerra de Filipinas buscando fortuna y que está a punto de ser asesinado ya en el primer capítulo por algo que ha hecho su compañero de habitación y de aventuras. Paul, un inglés hijo un poco tarambana de un empresario de éxito que está deseando abandonar Pekín pero que debe cumplir una última misión. Ambos personajes, que podemos considerar los protagonistas de la novela, se encuentran cuando el segundo salva la vida del primero y ven ligados sus destinos a pesar de no tener nada en común. El matrimonio de misioneros Liddle que ayudan en la misión de una apartada aldea y se van a ver envueltos, sin quererlo ni beberlo, en la revuelta bóxer. Kong Dao, un antiguo mandarín, caído en desgracia que va a ser rehabilitado con una misión ordenada desde palacio. O Liu Han, el malvado de la historia, un bóxer que no puede ver a Kong Dao pero que deberá colaborar en la misión a éste encargada. Bill Morgan, un estadounidense que parece sacado de las películas de indios y vaqueros. Fritz, el viejo Chiang, el mongol Gol Balsan. Es una novela coral, con bastantes personajes y todos ellos, más o menos, de similar importancia. Hay un cierto papel preeminente de Paul y Ramón pero los demás no están muy por debajo de ellos.

Todos estos personajes, de una u otra manera, van a acabar relacionándose entre sí
No son personajes excesivamente desarrollados pero tampoco la clase de historia que narra la novela lo exige; podríamos decir que están lo suficientemente caracterizados para personalizarlos y darnos una idea cabal de su forma de ser que explique su manera de actuar.

La ambientación espacio-temporal es muy buena. Se nota que el autor se ha documentado ampliamente sobre la época y el ambiente que se vivía en China en aquella época y la ha sabido trasladar perfectamente al papel. Realmente podemos entender la situación que se daba entre los extranjeros y los chinos, los bóxers y la emperatriz y no nos extraña nada cuándo finalmente la rebelión estalla. Si algo me extraña, la verdad, es que no hubiera estallado antes.

China o “Todo bajo el cielo” siempre había sido un país muy cerrado, muy diferente de cualquier país occidental, muy orgulloso, que debía llevar muy mal las humillaciones que le impusieron los tratados que sus derrotas en las diferentes guerras que mantuvo con las potencias extranjeras le obligaron a firmar.

Como toda buena novela histórica, resulta muy instructiva. Reconozco que apenas sabía nada de esta parte de la historia. Justo sabía el nombre “bóxer” y que había habido una revuelta relacionada con ellos pero poco más. Y he aprendido mucho leyéndola. Es la virtud de la buena novela histórica: que enseña al lector. Y encima, si es como ésta, enseña mientras entretiene porque, ante todo, “Los últimos días del imperio celeste” es una novela muy entretenida, en la que pasan muchas cosas, con mucho ritmo, que no da respiro al lector.

Finalmente, quiero también mencionar la preciosa edición que nos ofrece Roca editorial. Una novela de tapa dura con sobrecubierta, con una portada muy bonita con motivos chinos. Antes de comenzar el texto, nos encontramos con tres mapas. Uno que nos enseña la situación de Pekín en el año 1900: ahí podemos ver dónde estaba situada la Ciudad Prohibida (la residencia real), Las Legaciones, la Ciudad Tártara y la Ciudad China. Otro que nos muestra, más, al detalle, el barrio de las Legaciones. Y, finalmente, un tercero que nos muestra la marcha de la Alianza

Y, una vez terminada la novela, nos encontramos con un glosario de términos donde tenemos, por ejemplo, la explicación de quiénes son los bóxers, qué era la Ciudad Prohibida y la Ciudad China, qué es Todo Bajo el Cielo, etc…
Y un elenco de personajes. Como he dicho más arriba, son muchos los personajes que aparecen en esta novela y, aunque la verdad es que tal profusión no me ha supuesto a confusión alguna, se agradece una explicación de quién es quién.

Conclusión final
Si queréis entreteneros a la par que instruiros, yo os ofrezco una novela histórica con la que aprenderéis muchas cosas sobre la revolución bóxer en China y con la que, además, os entretendréis con una novela de aventuras que os mantendrá pegados al asiento. La típica novela que me imagino, sin ninguna dificultad, trasladada a la gran pantalla

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Reseña de Los últimos días del imperio celeste en Anika entre Libros

La última reseña que ha aparecido en la novela ha sido en la conocida web de reseñas de libros Anika entre libros. La verdad, es que es emocionante leer que a alguien como la reseñadora (Carol) le ha gustado y le ha trasmitido esas sensaciones algo que tu has escrito. Pero mejor que lo leáis vosotros mismos. ¡Gracias Carol y Anika!

 

anika

 

Muchas veces nos topamos con ficción histórica que resulta poco creíble y nada interesante, pero en el caso de esta novela, el autor ha mostrado no solo su capacidad como narrador, sino que además, su versatilidad, ya que cogiendo una hebra de la realidad, convierte a la misma en una espesa trama llena de vértigo, donde nada falta: asesinos, persecuciones y hasta un tesoro perdido.

Es una primera novela, fresca, vibrante, que hace de la lectura una delicia narrativa y visual, bien documentada, nos localiza en el tiempo y espacio cómodamente, con un lenguaje sencillo, pero su vez, con el vocabulario y forma de hablar de esa época, lo que la convierte en una “ópera prima” creativa, vital, escrita desde el corazón.

Gracias a capítulos breves y plenos de imágenes, la lectura se nos convierte casi en el visionado de una película de aventuras, todo sucede a mucha velocidad y sin embargo, a su vez, a un ritmo propio. No faltan personajes un tanto clichés, típicos de esa época -la joven heredera, el dandy trepa, el aventurero, el amigo fiel y pendenciero-, pero que unidos a los personajes más cercanos a la realidad china y la evolución de su historia, hacen que el conjunto se vuelva colorista y vivo, lleno de matices, inmersos e insertos en una sociedad que cambia continuamente, en pos de sus metas, pero a la vez cómplices de una transformación más profunda.

Es una época confusa, tradición y modernidad han entablado una batalla donde el ganador no siempre es el que gana, ni el que pierde. Es un mundo dando a luz nuevos mundos, el cambio surge incluso en la forma de pensar de los personajes, el ideal de unos se vuelve la mirada inquisidora del otro, nada es lo que parece y, sin embargo, el duelo sigue ahí, agazapado a punto de estallar, tal como sucedió en la China de los bóxers, que nos narra Yagüe, cae un Imperio, pero de entre las ruinas surge una nueva luz que hace posible un cambio, un nuevo comienzo.

 

 

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Los últimos días del imperio celeste en la revista Más Allá

más allá

¡Qué alegría me ha dado ver esta pequeña reseña del libro en el número de Más Allá de mayo! Quizá los amantes del misterio también se acerquen a esta novela de aventuras ambientada en la rebelión bóxer.

Ideal para mentes aventureras y con ganas de aprender de otras culturas

 

Os dejo aquí la página entera de la revista en PDF.

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Nueva reseña en Un lector indiscreto

Os dejo esta nueva reseña que salió hace unos días en el blog Un lector indiscreto. Una vez más, parece que la novela está gustando a los blogueros. ¡Gracias!

David Yagüe empezó a ganarse a los lectores con su primera apuesta literaria: Bravo Tango Siete. El contratista, un trhiller trepidante ambientado en el Iraq post Hussein. Las críticas lo dicen claramente. Está claro que hay una nueva generación de autores que están llamados a ser una realidad en este bello y al mismo tiempo difícil arte de narrar historias. Y digo difícil porque hoy día pocas editoriales apuestan por las jóvenes promesas.
Estamos en el año 1900. Los chinos veían cómo su país era una presa fácil de las ambiciones extranjeras. Las dos guerras del opio y los tratados de paz firmados con las potencias extranjeras fueron considerados injustos por los habitantes del país asiático. La masiva llegada de misioneros cristianos occidentales provocó roces con la iglesia católica y los protestantes. Los llamados puños rectos y armoniosos o bóxers, un grupo que se opuso inicialmente a la dinastía manchú de los Qing pero más tarde se reconcilió con ella y se concentró en el norte del país, donde las potencias europeas habían comenzado a exigir concesiones territoriales, ferroviarias y mineras, impulsan un levantamiento popular con el fin de expulsar a todos los extranjeros de China.
El Imperio Celeste traía en vilo a todas las potencias mundiales. En ese período turbulento se produce un robo en un almacén propiedad de la Kelly Co., en donde se guardaban unas antigüedades de la dinastía Ming. Paul Kelly, el hijo del propietario, es el encargado de averiguar lo que ocurrió. También el español Ramón Álvarez, veterano de la guerra de Filipinas, intentará descubrir lo que hay detrás del asesinato de su amigo Luis Garrea. Esta es la excusa que David Yagüe utiliza para hablarnos de ese período turbulento de la historia de China que supondría el principio del fin de la Dinastía Qing.
Es de agradecer cuando una novela de ficción histórica está narrada con frescuraEl autor sabe cómo ganar nuestra atención ante lo que cuenta y demuestra que sabe cómo hay que hacerlo. Los últimos días del Imperio Celeste está dividida en tres partes que corresponderían claramente con la introducción, nudo y desenlace. Son, asimismo, dieciocho los capítulos que la conforman, subdidvididos estos, a su vez, en pequeñas partes numeradas. Al comienzo de cada capítulo o de las partes en las que están subdivididos, estaremos informados de los lugares en el que se desarrollan los hechos, y el período en el que transcurren: entre abril y septiembre de 1900. Con esta estructura de la obra y la agilidad de la narración consigue ese ritmo trepidante que nos invita a seguir leyendo pues los giros y las peripecias de los personajes nos enfrascarán en su lectura de tal forma que, sin darnos cuenta, incluso llegamos hasta la página en la que nos dice en qué fecha se imprimió.
Es una novela coral, pero el lector verá cómo poco a poco irá reconociendo a los personajes que en ella nos encontramos, unos históricos- En La Ciudad Prohibida, la emperatriz Ci Xi y el príncipe Tuan; en el barrio de las legaciones, los diversos representantes de las potencias extranjeras- y otros creados por la imaginación del autor, como el español Ramón Álvarez; el ruso Vladimir Noskov; Sarah Liddle, irlandesa y esposa del misionero James Liddle; Lin, cristiana convertida o Liu Han, sicario del príncipe Tuan y uno de los cabecillas de los Puños Justos y Armoniosos. Esa riqueza de personajes que atesora la novela serán fiel reflejo de la condición humana, lo que hará que empaticemos con unos y deseemos lo peor para otros. Al final de la novela nos encontraremos con el reparto de personajes que intervienen en la misma por lo que se podría consultar si algún lector no tiene clara la identidad de alguno de ellos.
Será un narrador omnisciente quien nos ponga al tanto de lo que ocurrió en aquel turbulento año. Por él sabremos lo que sucede en los diversos escenarios que nos encontraremos a lo largo de la novela. Unos escenarios y unos hechos perfectamente recreados por la labor de documentación realizada, consiguiendo el efecto de sentirnos transportados a ese período tan convulso que se vivió en China. Al principio de la novela nos encontramos con un mapa de Pekín en 1900 y un plano sobre la llamada Marcha de la Alianza que incluye el itinerario que siguió el ejército de rescate aliado hasta la capital china, pues los representantes de las legaciones extranjeras, los misioneros cristianos, tanto católicos como protestantes, y los chinos convertidos veían como su integridad física estaba en peligro ante la ferocidad de los ataques de los bóxers, que hacían inevitable la presencia de un contingente militar para poner fin a la continua barbarie cometida por quienes deseaban la expulsión de los diablos colorados a toda costa.
En Los últimos días del Imperio Celeste el lector se encontrará con ingredientes como acción, cargada de violencia en algunas ocasiones, pequeñas dosis de humor, intriga, aventura, pasión, lealtad y traición. Solo me queda recomendar su lectura.
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Fantasymundo: “Muy buenas horas de acción y entretenimiento”

Fantasymundo

Os dejo aquí otra reseña que ha aparecido recientemente sobre la novela, esta vez en la web Fantasymundo. El reseñador, Alberto Muñoz, ha captado muy bien la apuesta por la novela de aventuras de siempre y el entretenimiento.

Los últimos días del Imperio Celeste, de David Yagüe, o la tradición del clasicismo aventurero

Esta novela os proporcionará unas muy buenas horas de acción y entretenimiento.

En el año 1900 la política colonialista de las grandes potencias occidentales (y de Japón) tenía un nombre propio: China. La dinastía Qing que gobernaba todo bajo el cielo en ese momento había sido derrotada en las recientes Guerras del Opio y obligada a firmar una serie de beneficiosos tratados desiguales que concedían importantes beneficios comerciales a los occidentales y abrían las puertas a la difusión de la fe cristiana en China. En otras palabras, una bomba de relojería estaba a punto de estallar bajo la mesa de los embajadores de Gran Bretaña, el Imperio Alemán, Francia, Rusia, EEUU, Italia e incluso España (sin olvidarnos del nuevo Japón) , mientras se discutía qué porción del extensísimo pastel se iban a llevar a la boca.

David Yagüe Cayero (Madrid, 1982) periodista y consultor de comunicación que trabaja actualmente para el diario 20 Minutos nos transporta (tras su primera novela “Bravo Tango siete. El contratista” (2011)) a la poco conocida China de la dinastía Manchú con “Los últimos días del Imperio Celeste” (Roca editorial, disponible en FantasyTienda) en un momento clave para la apertura o el definitivo cierre del país a las potencias extranjeras.

Así pués, en las calles de Pekín, la sociedad secreta conocida entre los occidentales como los Boxers y entre los chinos como “los puños rectos y armoniosos” era la representación de la rabia del pueblo chino y el brazo armado de los nacionalistas más acérrimos de la corte. Sus acciones en contra de los intereses de las potencias se estaban recrudeciendo y habían escapado por completo del control de la Ciudad Prohibida, sede del gobierno de la emperatriz. Poco a poco ésta comenzaba a prestar oídos a la radicalidad encarnada en el príncipe Tuan, uno de sus consejeros favoritos que, de nuevo, pedía una acción armada contra los representantes de las potencias y los misioneros cristianos.

Con este caldo de cultivo avivándose a fuego lento comenzaba la película de 1963 “55 días en Pekín” dirigida por Nicholas Ray y protagonizada por Charlton Heston, David Niven y una elegantísima Ava Gardner, y en ese mismo punto se inicia la novela de David Yagüe que, como yo mismo, se confiesa fan incondicional del film producido por Samuel Bronston y rodado en España. Una de las consecuencias, a mi entender, de aquella película en el libro es el inicio paralelo de la acción y otra será, inevitablemente, que los acontecimientos vayan alejándose de aquella historia (incluso geográficamente) de manera que la narración no se solape a la de la conocida película.

La historia se inicia con el robo en un almacén de antigüedades propiedad de Paul Kelly, hijo de un importante comerciante británico, nacido en Asia pero fiel representante del colonialismo de segunda generación. Al parecer alguien ha intentado sustraer un objeto destinado al embajador estadounidense y su colega británico pide al propio Kelly que lo investigue. En una ciudad que se considera tierra de oportunidades el variopinto elenco de personajes foráneos siempre se multiplica, al estilo del salvaje oeste, por lo que pronto conoce a Ramón Álvarez, veterano pícaro superviviente de la guerra de Filipinas, y juntos se verán envueltos en la persecución de ese objeto del deseo que desafortunadamente los Boxers y los funcionarios imperiales también desean recuperar.

A pesar de todo no es esta una novela sobre el sitio del barrio de las legaciones sino que la las circunstancias llevarán a protagonistas y antagonistas hasta las cercanías de la ciudad de Taiyuan, lejos de Pekín pero ya en pleno levantamiento bóxer. Allí la variopinta y multinacional partida de la que forman parte Paul y Ramón se verá envuelta en su propio asedio y obligada a tomar decisiones inesperadas.

El aroma clásico de las aventuras decimonónicas impregna el ambiente de la historia y nos descubrimos esperando la inminente llegada de la revuelta Boxer, bajo el calor sofocante del barrio de las embajadas y con la certeza de un enemigo abrumadoramente superior en número, al estilo de las novelas de Haggar (“La guerra zulú”) o Salgari, para más tarde cabalgar por bosques y montañas huyendo de un enemigo que bien podrían ser los salvajes sioux de las praderas estadounidenses.

Resulta evidente que Yagüe homenajea sus lecturas de antaño; aquellas que por primera vez nos hicieron sentir que una vida poco sustanciosa puede derivar, sin apenas proponérnoslo, en una sucesión de acontecimientos extraordinarios que nos arrastran de nuestros cómodos sillones y nos obligan a enfrentarnos a nuestros miedos e ilusiones ocultas.

En cuanto a la estructura de la narración se utilizan capítulos muy cortos, o si se quiere divisiones muy rápidas de los puntos de vista que se nos muestran; eso da mayor rapidez a la acción y ayuda a componer una lectura muy visual, casi cinematográfica de lo que nos ocupa aunque quizá deriva, hasta cierto punto, en una menor profundidad de los personajes o en omisiones de información interna que probablemente el lector debería conocer.

En conjunto, lo que empezó como “55 días en Pekín” terminará por transportarnos a un “Centauros del desierto” en plena China pero sin John Wayne lo que en absoluto es un comentario desmerecedor ya que significa unas muy buenas horas de acción y entretenimiento.

La reseña original: Fantasymundo (09/04/2014)

 

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