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Presentación de Los últimos días del imperio celeste en Úbeda

David Yague

Los amigos del Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda, que tuvieron la amabilidad de invitarme a participar en esta edición que finalizó este domingo, han colgado en su blog un pequeño resumen de lo que dio de sí la presentación, realizada por Alberto San Frutos, presidente de la Asociación Plaza Vieja.

Antes de dejaros con ese texto, quería agradecer a todas las personas que organizan ese certamen y al equipo de Roca Editorial la oportunidad de haber participado en él. Ha sido una experiencia única. No queda más opción, después de haber pasado por allí, más que rendirse ante la ilusión y trabajo de esas personas, enamoradas de la cultura, por levantar un certamen tan impresionante, sin apenas ayuda ni atención pública. Es algo memorable, y me resulta difícil pensar que algún autor de los que hemos pasado por allí no lo recomendemos hasta la extenuación.

Gracias a todo ese equipo, Pablo, Sebastián, Alberto y tantos nombres que seguro que me dejo. Y también, un abrazo fuerte a esos estupendos autores que he conocido en esos días: Ildefonso Arenas, Magdalena Albero y Francisco Melero.

Sin más, os dejo con el mencionado resumen:

Presentada en el palacio Vela de los Cobos el sábado 15 de noviembre, en el arranque del Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda.

Alberto Sanfrutos, presidente de la Asociación Plaza Vieja dijo en su presentación  que es un joven periodista que actualmente ha entrado en el mundo de la literatura, algo frecuente en la historia de la literatura universal.

“Los últimos días del Imperio celeste” es la segunda novela que publica, situada en el año 1900, en China, una sociedad secreta, defensora de las tradiciones milenarias chinas, los conocidos “bóxer”, que amenazan con acabar con los extranjeros en la región y los chinos cristianos. Tiene el apoyo de la Emperatriz china y la indolencia de las legaciones diplomáticas allí instaladas que no dieron la importancia suficiente a ese movimiento.

Es una novela de aventuras muy relacionada con la película “55 días en Pekín”, rodada en España, que había fascinado al autor de pequeño. “Echaba en falta cómo en los últimos tiempos no se escribían novelas de aventuras como lo hacía Walter Scott o Emili Salgari” -dice David Yagüe-, por lo que me embarqué en la aventura de la rebelión Bóxer en la turbulenta China de 1900”.

“Es una novela de un ritmo trepidante, de escenas cortas, muy cinematográficas” –dice Alberto. “En la rebelión Bóxer había muchos personajes, tantos chinos como occidentales, a los que quise tener dentro de la novela y la complejidad histórica del momento” –añade David. “Tantos los occidentales de la novela como los chinos eran racistas” en una China desgarrada por la modernidad que llegaba de Occidente y unas potencias que esquilmaban el país. También es la contradicción entre el patriotismo y el rechazo al cambio cultural. “Uno de mis personajes favoritos es el mandarín, que simboliza el conflicto de los chinos y la emperatriz, que es clave dirigiendo China más de cinco décadas, tratando de modernizar China sin perder su esencia, lo que les fue imposible, y nuestro embajador, decano diplomático en la zona, que aguantó el cerco, el que redactó el tratado que puso fin al conflicto”.

Post original en el Blog del Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda (21 de noviembre).

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Cinco libros para adentrarse en la rebelión bóxer

 

Llevo bastantes meses pesando en realizar esta entrada en donde exponeros en unos pocos libros una pequeña bibliografía básica para adentrarse en el apasionante mundo del levantamiento bóxer (1900), un asunto que en España está muy poco tratado. Además de haber utilizado algunas monografías generales de historia de China (como por ejemplo, las de John King Fairbank o la de Patrici Buckley Ebrey, publicada en la Esfera de los Libros), si tuviera que recomendaros cinco libros útiles esto serían los elegidos:

The Origins of the Boxer Uprising, de Joseph W. Esherick (University of California Press, 1987): EL libro para entender en detalle quiénes eran los bóxer, de dónde venían y su evolución hasta el verano de 1900 en el que saltaron a las primeras planas de la prensa mundial. Desde su extracción social, sus creencias religiosas, sus disputas con los cristianos, etc. Es completísimo y da una visión mucho más compleja de esta sociedad secreta  de la que obviamente pude transmitir en la novela.

The boxer rebellion, de Diana Preston (Berkley Books, 2000). Uno de los muchos libros que hay sobre la rebelión bóxer centrándose fundamentalmente en el cerco que sufrió el Barrio de las Legaciones de Pekín, entre junio y agosto (sí, los famosos 55 días de la película). Es bastante ameno y lleno de anécdotas jugosas.

Sombras chinescas, de Luis de Valera (Nausícaa, 2004). Durante las presentaciones del libro siempre busco un hueco para recordar la presencia española (real, con el ministro Bernardo de Cólogan, y ficticia, con Ramón Álvarez) en aquel conflicto. Este bonito libro de viajes es la experiencia del diplomático Luis de Valera, enviado desde Madrid para dar apoyo al embajador español en Pekín: recorrió el norte del país durante aquel agosto de 1900 y dejó un relato lleno de anécdotas y descripciones sorprendentes. Para mi, resultó esclarecedor para ver cómo veían los contemporáneos aquel conflicto.

Manchúes, fundadores del imperio Qing, de Pamela Kyle Crossley (Ariel, 2002). Un libro breve y académico sobre la dinastía Qing y su reinado sobre China. Aunque la rebelión bóxer sólo sale citada de pasada al final, es interesante para hacernos una idea de dónde venía el país y cuáles fue la evolución de los gobernantes de aquel país.

Cixí, la emperatriz, de Jung Chang (Taurus, 2014). Lamentablemente este libro salió mucho más tarde de que yo me documentara para la novela, pero es una biografía (a pesar de algunos excesos para limpiar su figura) muy rica de este personaje fundamental en la historia de la rebelión bóxer y de la China contemporánea. Muestra a la perfección las luces, las sombras y su papel en el levantamiento bóxer de la emperatriz. En la novela aparece como un personaje secundario. Aquí tenéis una reseña que escribí para Best Seller Español del libro.

 

Y hasta aquí estas recomendaciones. Por supuesto, podría deciros más de los que he utilizado, pero creo que con esas cinco lecturas podríais haceros una idea bastante profunda de aquel hecho histórico (los más específicos, obviamente son los dos primeros). Me dejo en el tintero, además de las ya citadas historias generales, libros de testimonios o los siempre agradables libritos de Osprey sobre historia militar (que para este hecho tiene dos: uno de la campaña y otro de uniformes).

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Cixí, la emperatriz, de Jung Chang

Hola a todos, os dejo una reseña que hice este verano para Best Seller Español sobre una biografía muy al hilo de este blog y Los últimos días del imperio celeste: Cixí, la emperatriz, de Jung Chang (Taurus, 2014). Un libro que ya me habría gustado tener cuando escribí la novela y, que os interesa la historia de China del siglo XIX y XX, os recomiendo sin dudar.

 

La historia de China, poco conocida en nuestras latitudes y muchas veces reducida a un interés por lo exótico o lo folclórico, posee épocas tan fascinantes como el siglo XIX y personajes tan dignos de estudio como la emperatriz Cixí (1835-1908).

Algunos de vosotros, como el que escribe, quizá descubristeis a este personaje en la película 55 días de Pekín (tan licenciosa como entretenida y cinematográfica). En mi caso, después pasé tiempo leyendo sobre ella para la preparación de mi segunda novela Los últimos días del imperio celeste y allí ya descubrí a un personaje histórico arrebatador. Lástima, que en la preparación de aquel libro, no hubiera tenido en mis manos esta interesanteCixí, la emperatriz. La concubina que creó la China moderna (Taurus, 2014), de Jung Chang.

La escritora, autora de Cisnes Salvajes (Circe) y Mao (Taurus), se adentra en la difícil misión de rescatar a esta emperatriz viuda que rigió durante décadas, sin tener en realidad el derecho a gobernar, el destino del imperio chino. Chang no oculta su intención de eliminar la muy negativa visión que la historiografía de la China comunista, como los historiadores occidentales, arrojaron sobre esta mujer.

La labor no es fácil y la labor documental parece, por las notas y citas, monumental (es de agradecer la mezcla de fuentes de la época occidentales y chinas, ya que crean una visión muy completa). A pesar de que a la autora, de vez en cuando, se desliza por la peligrosa senda de crear una visión demasiado ejemplar del personaje para borrar su leyenda negra, Cixí, como personaje histórico, se eleva como una gran mujer desde muy diferentes prismas: tradicional, pero comprometida con la modernización de su pueblo; sensible, pero terriblemente vengativa; orgullosa y, en ocasiones, trágicamente impetuosa.

Su peripecia, desde su entrada como concubina del emperador, su ascenso político, su viudedaz, sus mandatos, su papel en los conflictos con los extranjeros (como la rebelión bóxer) y las reformas democráticas que inició poco antes de morir, ofrecen, además, un fresco vigoroso de la China del siglo XIX y principios del XX, de la corte manchú en sus últimas décadas de vida y las vivencias de una nación en su intento de modernizarse sin perder la cultura que le hacía única.

Es también, una lectura amena, apasionada, pues en sus páginas hay guerras, hay amor por los hijos, por los amigos, confidencias, conspiraciones, traiciones…

Una biografía muy interesante, bien narrada y documentada, sobre un personaje fascinante, que fue elegida como uno de los mejores libros de No ficción de 2013 por The New York Times. Una historia para adentrarse en la Ciudad Imperial de Pekín y descubrirla en todo su esplendor pasado.

Nota:  Si ha alguien ha interesado la historia de Cixí, pero prefiere un tratamiento más novelesco, la escritora china-estadounidense Anchee Min noveló su vida en dos partes La ciudad prohibida y La última emperatriz, publicadas en España por DeBols!sillo. Personalmente, yo recomendaría el libro de Chang.

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Entrevista en TodoLiteratura sobre Los últimos días del imperio celeste

 

todoliteratura

 

Os dejo aquí la entrevista que me hizo en julio Felipe Velasco para TodoLiteratura. ¡Espero que os resulte a vosotros tan interesantes como a mí hacerla!

Los últimos días del Imperio Celeste” es la segunda novela del periodista y escritor David Yagüe. En este libro nos presenta una trama trepidante ambientada en China en el año 1900 durante el levantamiento de los bóxers, época histórica bastante interesante pero también bastante desconocida.

En esta entrevista con David Yagüe hemos hablado sobre múltiples temas que forman parte de la novela, como la abrumadora presencia de las potencias extranjeras, los avances de la religión cristiana en China o los orígenes de la rebelión de los bóxers, además de las experiencias del autor en la Semana Negra de Gijón.

¿Qué le llevó a escribir Los últimos días del imperio celeste?
Se mezclaron dos ideas: mi pasión infantil con la película 55 días en Pekín, y el posterior interior por el hecho histórico en el que se basa, y mi amor por las novelas de aventuras. Desde hace muchos años deseaba juntar esas dos pasiones y dar forma a esta novela.

¿Hasta dónde llegaba la importancia de la presencia de las legaciones extranjeras en China?
La presencia de las potencias extranjeras en China en aquel tiempo era extremadamente relevante. En el fondo, se estaban viviendo los estertores de los grandes movimientos colonialistas e imperialistas. EE UU también estaba entrando en ese juego, aunque de otra manera diferente a la que participaban Reino Unido o Francia. Las potencias vieron en la China de los Qing un gran imperio en decadencia, corrupto y débil, y entraron con la indisimulada intención de aprovecharse y ganar influencia y territorio. Estaban desgajando China, convirtiéndola en una colonia internacional. También, no todo es blanco o negro, claro está, estaban trayendo a un país anclado en el pasado una serie de innovaciones y vientos de cambio que calarían profundamente.

¿Cómo habían conseguido esa presencia tan relevante?
Por la fuerza bruta, indudablemente. A lo largo del siglo XX, ya fuera por amenazas o por intervenciones militares, las potencias extranjeras lograban lo que querían de China. Las Guerras del Opio, conflictos con Japón o las cesiones de diversos puertos francos eran las pruebas fehacientes.

¿Cómo se vieron afectadas las relaciones de España con China a raíz de la pérdida de las Filipinas?
China y España tenían relaciones oficiales (en 1864 se firmó un tratado de Amistad y Comercio entre ambos países y se habló en varias ocasiones de los trabajadores chinos que iban a colonias españoles a trabajar, sobre todo Cuba), pero el peso de España en Asia era poco más que simbólico. Con la caída de Filipinas, se convirtió en testimonial. De las potencias con legación en Pekín, España (quizá junto a Países Bajos y Bélgica) fue la única que no envió tropas a China en el año 1900.

Eso sí, fue nuestro embajador en el sitio, Bernardo Cólogan, quién firmó el protocolo que puso fin al conflicto bélico en 1901.

¿Qué factores precipitaron el levantamiento de los bóxers?
El malestar del pueblo, hundido y hambriento por una sequía brutal en el norte de China mientras veía a los extranjeros vivir muy bien y convertir a sus compatriotas a su religión y la decadencia y el desnorte de la dinastía Qing. La emperatriz viuda Cixí, que reinaba una vez apartado el emperador y no era nada amiga de las ideas de los bóxers, se vio forzada a apoyarles quizá en un inútil intento de mantener el orgullo nacional ante los desmanes de los extranjeros.

¿Cómo se consiguió que pasaran de criticar a la dinastía Qing a ser unos defensores acérrimos de la misma?
Es una buena pregunta, casi todos los grupos de este tipo de la China del siglo XIX, incluido alguno de los que dio origen a los bóxers, eran abiertamente rebeldes ante la clase dirigente manchú. Quizá, el giro de la corte en esos años hacia una política más conservadora y antiextranjera les hizo ver en la dinastía un elemento aliado para conseguir su sueño de exterminar a los extranjeros.

¿Cómo afectó la rebelión de los bóxers a posteriori a las relaciones de China con las potencias europeas, Estados Unidos y Japón?
La derrota china supuso un nuevo listado de duras condiciones, sobre todo económicas, impuestas por los vencedores, que continuaron tratando a China como un país menor. Japón, por ejemplo, continuaría sus intentos de controlar el país, que se alargarían hasta los años 30. Quizá el cambio más importante fue para la propia China: probablemente la derrota de los bóxers supuso la aceleración real de unos cambios que acabarían por crear la China moderna.

¿Cómo consiguió el cristianismo abrirse un hueco en una China en principio tan tradicional?
El cristianismo y sus enviados ya habían llamado a las puertas de China desde varios siglos antes. La insistencia de los misioneros de las distintas iglesias y confesiones les abrió hueco, lograron conversiones e incluso, en algunos casos, se puede hablar de una buena labor humanitaria y educativa. Sin embargo, como bien dices, la mayoría de la sociedad China (y los bóxers fueron un ejemplo) no sentían demasiado atractivo por esta nueva religión, que veían muy vinculada a los extranjeros que la traían.

¿Le ha resultado muy complicado combinar personajes tan distintos unos de otros en esta novela?
Tienes que tener un orden de trabajo, pero no, ha sido un placer. La variedad de personajes era fundamental en esta novela, ya que con ella quería representar la coralidad de nacionalidades y personalidades que coincidieron en aquel conflictivo año de 1900 en China.

¿Por qué le gusta utilizar un estilo basado en capítulos cortos y rápidos?
En este caso, creo que me ayudaban a mantener un ritmo rápido y ordenado, a la par que me permitía mantener un cierto orden, ya que, como bien decías, son muchos los personajes que aparecen en la novela.

¿Cómo ha sido para usted participar en la Semana Negra de Gijón de este año?
Ha sido un auténtico placer. Era mi primera vez y seguramente andaba un poco despistado. Y a pesar de todo, ha merecido la pena como siempre que me encuentro con posibles lectores de la novela. Estar hablando con varios de ellos (algunos muy interesados en la novela, lo que me emocionó) y conocer a varios escritores como Craig Russell, David López, Nacho Cabana y otros tantos fue un auténtico lujazo.

¿Está trabajando en alguna nueva novela?
En una no, en dos. No sé cómo funcionará la cosa porque siempre he ido acabando una y empezando otra, pero esta vez las cosas han surgido de otra manera. Veremos si llegan a buen puerto y puedo contaros algo nuevo sobre ellas en breve.

La entrevista original.

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La novela antihistórica: “El autor se merece un aplauso, una cerrada ovación”

novelantihistorica

 

Hoy os dejo una reseña que, la verdad, me sorprendió por lo positiva y por la valoración que hace de las intenciones de la novela y su ambientación. La verdad, uno se queda sin palabras, pero feliz, cuando lee cosas como esta, que ha escrito Carlos Rilova Jericó en el blog La novela antihistórica. Gracias.

Quizás sea una exageración decir que los lectores españoles han tenido que esperar 55 años para que, al fin, se publicase una novela como la de David Yagüe.

Llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

O tal vez no. Si contamos bien desde que se realizó, en España, y se estrenó, la película que es la inmediata referencia de esa novela, la apabullante “55 días en Pekín”, casi son los años, 55, que han pasado desde que esa película, para asombro de propios y extraños, contaba en pleno Tardofranquismo que España -oh sorpresa- había estado metida en magnas aventuras internacionales como las que salían en las películas del Hollywood que algunos llaman de la “Era dorada” y de las que esa película, “55 días en Pekín”, es una buena muestra.

Pues sí, desde entonces todo ha sido -o casi- silencio sobre las escasas escenas de esa película en las que resulta que aparece una legación española en Pekín, con su bandera roguigualda, su himno y hasta un apócrifo embajador español que aconseja a David Niven -interpretando al embajador británico en Pekín- sobre lo que hay que hacer ante la inminente rebelión de los boxers.

Y si no ha habido silencio, ha habido toda clase de especulaciones acerca de la razón para que apareciesen tales cosas en un contexto tan extraño para ellas como una película de aventuras del Hollywood clásico.

Incluso que eso -lo de la bandera, el himno, el embajador español codeándose con los de otras potencias europeas- era sólo una concesión al país, España, que había puesto escenarios, estudios y mano de obra barata para que se rodase esa película ya mítica.

Hasta este año 2014 poco más sensato se ha dicho. Se ha escrito algún que otro artículo, se ha hecho mención al asunto en alguna tesis doctoral, incluso se ha escrito algún que otro relato -“En la ciudad imperial de Pekín (1900)”https://lacoleccionreding.wordpress.com/2012/10/18/se-puede-hacer-mejor-7/– que no ha salido del aún mal aceptado mundo digital.

Por lo demás, por lo que respecta al tema de España y la rebelión de los boxers, para el gran público, ese que consume cultura a través de las grandes superficies y siguiendo el dictado de las grandes empresas del sector, ese país no pintaba nada en el asunto y, sí, seguramente, lo que se veía en “55 días en Pekín” era sólo una fantasía urdida por los productores para halagar la vanidad del país -aquel país tan peculiar, aquella democracia orgánica que empezaba a saber lo que eran un bikini, los Beatles, los Ye-Yés, etc…- que les ofrecía marcos incomparables, estudios también más o menos incomparables y, sobre todo, mano de obra barata y costes muy reducidos gracias al diferencial entre su moneda y las divisas manejadas por Hollywood.

Así las cosas, ha habido que esperar a que un nacido en plena España de la Transición llegase a las puertas del gran negocio editorial español, llamase a ellas, se las abriesen en lugar de echarlo a patadas por la puerta de servicio y así perpetrase la hazaña, gran hazaña, de escribir una novela en la que, blanco sobre negro, se informa al gran público de que no, de que es absolutamente verídico, un hecho histórico comprobable, que España tenía una legación en el Pekín imperial de 1900, junto a la de Japón, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos…, con su bandera, su embajador y todo lo demás que los boxers querían destruir.

Sólo por eso David Yagüe, el autor de la hazaña literaria en cuestión, titulada “Los últimos días del Imperio Celeste”, se merece un aplauso. Incluso una cerrada ovación.

Y, por supuesto, que los lectores se tomen como un deber comprar, leer y recomendar esa primera novela histórica de David Yagüe.

Más que nada porque, de momento, ese es un tesoro verdaderamente difícil de encontrar en el mercado literario español.

Detalle de la llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

En efecto, “Los últimos días del Imperio Celeste” ofrece de manera amena pero, en general, bien documentada, una información verdaderamente valiosa para unos lectores -los españoles- que -no nos engañemos- desconocen todo sobre un episodio apasionante de su Historia reciente que, en efecto, está a la altura de cualquier cosa que nos pueda contar Hollywood.

Las aventuras de Ramón Álvarez, el protagonista de “Los últimos días del Imperio Celeste” en la caliente China de la primavera y el verano del año 1900, son perfectamente razonables y plausibles. Tanto como lo pueden ser las de cualquier protagonista de una novela anglosajona de las que, hasta la fecha, han tenido colonizado nuestro mercado cultural.

Como descubrirán enseguida los lectores que se aproximen a esta primera -y esperemos que no última- novela histórica de David Yagüe, se trata de un personaje bastante redondo: un niño de buena familia madrileña, del Madrid de Pérez-Galdós que Yagüe tiene la intuición, el buen sentido, de describir, aunque sea con unas leves pinceladas, como una realidad que trasciende a los tópicos literarios del autor de los “Episodios Nacionales”. En efecto, Ramón Álvarez ha sido enviado a la guerra en el año 1898 por su padre, un hombre de negocios de éxito, negándose a comprarle un sustituto que lo reemplazase en las selvas del frente filipino, para que espabile un poco y siente la cabeza.

Vano esfuerzo, pues Ramón se convierte allí, más que en el héroe que su padre espera, en eso que los franceses de hace cien años llamarán “emboscado”. Es decir, alguien que procura ponerse de perfil en el servicio de combate. Tanto que a veces ni siquiera lleva el uniforme azul horizonte llevado por miles de cadáveres que llenan el centro de Europa entre 1914 y 1918.

Ramón Álvarez, en efecto, se dedica a todo menos a combatir a los yankees y a los tagalos, buscando aprovecharse de la situación, dando tumbos de aquí para allá hasta que acaba, tras el fin de la guerra, en China. Va allí en compañía de otro aventurero trapisondista como él, Luis Garrea, que, también como él -y miles de occidentales y japoneses-, cree que el agonizante imperio chino puede ser la tierra de las oportunidades.

Es así como Ramón acaba metido en un turbio asunto de robo de antigüedades chinas que levanta el telón del trasfondo histórico, real -descrito con tanta veracidad en “Los últimos días del Imperio Celeste” que a veces parece pura y simple crueldad-, de la China de 1900, que, en un último esfuerzo, se alza contra los “kuei tseu”. Los demonios colorados, los extranjeros, fundamentalmente europeos, que han conseguido, con su superior tecnología, poner de rodillas a ese imperio que, como nos señala con buen criterio y mejor documentación David Yagüe, se considera el centro del Mundo.

Arrollado por esos hechos, Ramón empezará un viaje iniciático que lo va a llevar muy lejos del punto en el que ha empezado, convirtiéndolo en una persona también muy distinta, forjada en medio de los turbulentos acontecimientos que han pasado a la Historia como la “Rebelión de los boxers”.

Así Ramón se cruzará con el señor Cólogan, el embajador español en Pekín en ese año 1900 que, como recordaba Javier Sanz -uno de los pocos historiadores que ha tratado de sacarlo del olvido- en su blog “Historias de la Historia”, es poco menos que ninguneado en “55 días en Pekín”. Para empezar siendo cambiado su nombre por otro que nada tiene que ver con el verdadero del hombre que estaba allí, en Pekín, representando a España en 1900, en aquel volcán que es la China de la rebelión de los boxers.

No es ese el único encuentro que tiene Ramón. Ha llegado a la embajada española perseguido por, en efecto, un turbio asunto de tráfico de antigüedades en el que están interesados todos los tipos habituales en la China de 1900.

Es decir, desde funcionarios de la decadente corte imperial, boxers, chinos que quedan al margen de esos asuntos a la espera de acontecimientos futuros que se prolongarán hasta la Segunda Guerra Mundial -y, de hecho, hasta la actualidad-, hasta, sobre todo, diplomáticos europeos. Principalmente británicos y estadounidenses. Todo eso llevará a Ramón Álvarez a relacionarse con otros personajes de esas nacionalidades con los que compartirá una serie de aventuras dignas sino de la versión china de esos hechos -la del premio Nóbel Mo Yan también recientemente publicada-, sí de “55 días en Pekín”.

Detalle de la llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

Hay así en el camino de Ramón Álvarez misioneros como el matrimonio Liddle, formados por una fogosa y temperamental irlandesa y un equivalente británico de Ramón Álvarez. Es decir, un hijo de buena familia demasiado aventurero y audaz que ha acabado en el Ejército y de ahí, dando tumbos, en ese territorio fronterizo que es la China de 1900, tan turbulento que sólo puede estar lleno de oportunidades para gentes tan temerarias como él. Tanto que, como Álvarez, también está metido, en secreto, en el trafico de antigüedades chinas expoliadas por personajes de alto rango europeos, que ven aquella China imperial moribunda como un coto de caza particular.

Junto a los Liddle, Álvarez irá encontrándose con muchos otros. Desde personajes históricos con un papel muy destacado en la rebelión de los boxers como la emperatriz china Ci-Xi y el príncipe Tuan o el embajador alemán Von Klemens, hasta otros personajes ficticios que, sin embargo, como los Liddle, retratan muy bien aquella China a punto de sufrir una gigantesca convulsión, una transformación tan profunda como la que Europa sufrirá catorce años después con la Primera Guerra Mundial: el viejo traficante Lao Chiang, mentor de Álvarez y sus compañeros en las aventureras que les suceden en medio de aquella vorágine, el perverso bóxer Liu Han, encarnación de todo lo que provoca la rebelión de ese mismo nombre, el mandarín Kong Dao, que explica esa misma Historia desde el punto de vista del fracasado partido reformista chino, que trata, como bien explica la narración de David Yagüe, de hacer en China lo mismo que se había hecho del Japón del emperador Meiji, aventureros salidos del declinante “Salvaje Oeste”, como William Morgan, que, como Ramón Álvarez -o James Liddle- también ha llegado a China en parte por fascinación hacia ese exótico país tras casarse, y enviudar, de una china, como muchas otras enviadas a construir el ferrocarril para el que trabaja como pistolero Morgan, y un largo etc… que los lectores irán descubriendo por si mismos.

Todos ellos, en cualquier caso, son piezas que encajan en un conjunto que dibuja, con bastante exactitud, la China que desaparece engullida bajo la rebelión de los boxers que, como se deja ver en las páginas de esta novela, es la perfecta excusa para que las potencias europeas acaben de lanzar sobre ese imperio moribundo sus últimos y más certeros zarpazos.

Todo eso -y probablemente más- es lo que sacarán los que lean “Los últimos días del Imperio Celeste”.

¿Hay algo que no encontrarán en esas páginas y tal vez deberían encontrar?. Hilando muy fino se puede señalar que David Yagüe no termina de deshacerse del turbio complejo de inferioridad -ese “canon idiota” del que a veces se ha hablado en “La novela antihistórica”- tan inherente, al menos hasta ahora, a la novela histórica y “bestseller” española.

En efecto, Cólogan aparece en “Los últimos días del Imperio Celeste”, es revindicado por su verdadero apellido y más allá del relativamente triste papel que se le reserva en “55 días en Pekín”, pero, sin embargo, David Yagüe no acaba de darle todo el papel que hubiera merecido. Por ejemplo subrayando más, como si se hace en el artículo que Javier Sanz dedicaba a este personaje en “Historias de la Historia”, que Cólogan era el decano de los embajadores europeos en Pekín y que tiene un ascendiente sobre la corte imperial china que no tienen otros representantes diplomáticos allí presentes en 1900. Como el alemán Von Klemens que, sin embargo, disfruta de mucho más papel en la novela.

De hecho, en “Los últimos días del Imperio Celeste” no se recuerda con suficiente claridad que la decisión de resistir en el barrio de las legaciones en lugar de tratar de huir de Pekín antes de que estalle la rebelión bóxer, fue impuesta -no sugerida como se veía en la película- por Cólogan en su calidad de decano del cuerpo diplomático en Pekín, alegando que sería un suicidio intentar llegar hasta la costa, saliendo al encuentro de las tropas aliadas que vienen en su socorro. Hecho señalado hace ya bastantes años por Fernando Gómez de Val en un artículo sobre el tema publicado en la revista “Historia y Vida” en 1988.

Igualmente David Yagüe, y en esto coincide con Javier Sanz, se deja llevar por el que podríamos llamar “Mito del 98”, que siempre conduce a deducir que la derrota en Cuba y Filipinas ha dejado completamente fuera de juego a España a nivel internacional.

Algo que se desmiente con sólo revisar la correspondencia diplomática de colegas de Cólogan en la fecha. Por ejemplo, del destinado en Londres, aparentemente el centro del poder internacional en la fecha. El donostiarra Fermín Lasala y Collado, que revela a Madrid que Gran Bretaña en esos momentos -por así decir- ha agarrado más de lo que puede, enfangándose en la larga e inacabable guerra del Transvaal en la actual Sudáfrica. Trampa internacional que en esos momentos llevaba a Gran Bretaña a una extraordinaria amabilidad hacia España, tratando de resarcirla por haberla dejado abandonada frente a Estados Unidos en 1898.

Una actitud poco conocida, pero no por eso menos cierta, menos históricamente comprobable, que se concreta en la decidida apuesta española de rehacer su imperio colonial en África, precisamente desarrollando una alianza con una Gran Bretaña más que dispuesta a tener un aliado contento en la zona y, por si acaso, a espaldas de Francia.

Algo que alienta proyectos nada descabellados como el que sugiere ese mismo embajador en Londres en 1900: enviar a Taku, a la costa china, al Carlos V -uno de los más poderosos acorazados de la época- para dar a España un papel preeminente en las negociaciones que iban a seguir a la derrota boxer y que, en realidad, dada la influencia de Cólogan en la China pre y postboxer, como indicaba Javier Sanz en su artículo, era, en principio, un gesto de fuerza eficaz pero, quizás, superfluo.

Sin embargo, pese a la falta de detalles como estos -quizás todavía demasiado especializados- en “Los últimos días del Imperio Celeste”, no se puede pedir más a la novela de Yagüe. Hay que constatar, porque es justo constatarlo, que ya ha hecho bastante consiguiendo escribir y publicar una novela que en Inglaterra, Francia o Estados Unidos es perfectamente normal y que en España, para nuestra desgracia, ha sido hasta ahora una verdadera rareza.

Detalle de la llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

Sólo queda, pues, acabar deseando mucha suerte al autor y muchos años por delante para escribir muchas novelas que hagan de “Los últimos días del Imperio Celeste” un buen comienzo de una buena carrera literaria.

 

La reseña original.

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TodoLiteratura: “Prosa ágil, trepidante (…) una historia muy bien ambientada”

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Aquí os dejo una de las últimas reseñas que han aparecido de Los últimos días del imperio celeste. Ha sido en la web TodoLiteratura y la reseña no puede ser más favorable. Aquí os la dejo:

 

Roca Editorial ha publicado “Los últimos días del Imperio Celeste“, la segunda novela del periodista y escritor David Yagüe, quien ya nos sorprendió con su debut en Bravo Tango Siete. El Contratista y quien participa este año en la Semana Negra de Gijón. En este libro, nos presenta una trama trepidante ambientada en China en el año 1900 durante el levantamiento de los bóxers.

En China en el año 1900 un calor asfixiante parece anunciar el fuego de la guerra en el norte del país. Una sociedad secreta, los bóxers, amenaza con acabar con todos los extranjeros de la región, ante la pasividad de la corte manchú y la incredulidad de las potencias occidentales. En Pekín, un español veterano de la guerra de Filipinas y el hijo de un comerciante inglés se ven envueltos en un extraño robo de antigüedades.

Mientras tanto, un matrimonio de misioneros británicos sufre el horror de la guerra en una apartada aldea y un mandarín chino caído en desgracia tiene que aceptar una misión imposible al servicio de sus acérrimos enemigos de la corte imperial junto a un aterrador boxer de rostro deformado. Los destinos de estos personajes se cruzarán en una trepidante historia de aventuras, de lealtad y ambición, amor y traición, en aquel tórrido y sangriento verano de 1900, en el que el mundo entero contuvo el aliento con la vista puesta en China.

Los últimos días del Imperio Celeste es una novela que reproduce a lo largo de sus páginas el ambiente que se vivía en China durante los años que duró la rebelión de los bóxers, tanto en una ciudad de Pekín en la que el barrio que contenía las embajadas fue sitiado con numerosos extranjeros dentro pese a que inicialmente se consideró la revuelta como un hecho lejano que nunca podría llegar a la capital, como en las ciudades de China más aisladas, fundamentalmente en los asentamientos de chinos cristianos y misioneros europeos en las que se vivieron verdaderas masacres.

A su vez, en esta novela somos testigos del inmenso choque de culturas que se estaba viviendo en China, tanto por la presencia notoria de las potencias europeas y los territorios que iban adquiriendo en el país como por el giro revolucionario de la sociedad japonesa hacia la modernización, lo que les llevó en pocos años de estar pagando tributos a China a resultarles una verdadera amenaza. Y mientras, en China vemos cómo la gran mayoría se aferra con fuerza a las tradiciones y a la dinastía Qing pese a su pésima administración para derrochar odio contra los extranjeros y los chinos cristianos.

Y en esta época tan convulsa, David Yagüe nos narra las historias de diversos personajes que van desde diplomáticos, comerciantes, misioneros y estafadores europeos hasta chinos bóxers o cristianos, además de espías y personajes reales de la alta política del Imperio Celeste.

En definitiva, en Los últimos días del Imperio Celeste, David Yagüe, con una prosa ágil, trepidante y capítulos cortos que se asemejan a escenas cinematográficas, nos narra una historia muy bien ambientada que transcurre en una época histórica bastante interesante pero poco tratada en la literatura y bastante desconocida.

Reseña original.

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Reseña: “Un autor inteligente capaz de entretener de principio a fin”

ismael

 

Hace unos días el bloguero y escritor Ismael Cruceta reseñó en su web Cajón de Historias Los últimos días del imperio celeste y aquí está su opinión sobre la novela.

 

Los últimos días del Imperio Celeste es la segunda novela de David Yagüe. Una novela de aventuras ambientada en China en 1900, cuando se gestó y eclosionó la rebelión de los bóxer, un grupo organizado que quería evitar la injerencia política y social de las potencias extranjeras, especialmente europeas, en el país asiático.
Es una novela coral en la que los protagonistas son, en su mayoría, expatriados en China, como el español Ramón Álvarez, un buscavidas; Paul Kelly, un comerciante; o el misionero británico James Liddle. El libro narra las vicisitudes en las que se ven envueltos algunos personajes tras la desaparición de una antigüedad de enorme valor. Y por otro lado, funciona como un interesante documento para acercarse a la historia del gigante asiático.
Es un libro muy dinámico, que va concatenando las acciones para atrapar al lector. Una de las cosas que más me ha gustado es cómo se explica el conflicto que va generándose entre chinos y extranjeros, y que finalmente estalló dejando un gran número de muertos, y lo que es más importante, sentando las bases de lo que sería la caída definitiva de la dinastía Qing, que tuvo lugar en 1911. Yagüe es capaz de narrar los sucesos desde diferentes ópticas, permitiendo al lector que conforme su propia imagen de los porqués de esta rebelión que marcaría definitivamente la historia de China hasta nuestros días.
He echado en falta, sin embargo, que hubiera un protagonista absoluto. Un personaje perfilado con más precisión que se convirtiera en el eje de la acción. Al principio, parece que será Ramón Álvarez, pero finalmente este cede el protagonismo, siendo la novela puramente coral, lo que, a mi modo de ver, le resta fuerza, porque el lector no termina de implicarse del todo con un personaje, acompañarle de principio a fin en su dicha o en su desgracia, aunque alguno de ellos tienen destellos de brillantez, como el de Sarah Liddle, o los mencionados antes.
David Yagüe demuestra su buen hacer a la hora de narrar acontecimientos cargados de acción, de hacerlo con una técnica muy visual y cinematográfica, lo que facilita la lectura e introduce al lector en el libro. Por el contrario, hay un par de momentos melodramáticos en los que no se logra crear el drama necesario que conmueve o emociona.
Los últimos días del Imperio Celeste es una novela de aventuras muy recomendable para todos aquellos interesados en la Historia Universal, también para los amantes de la novela histórica y una oportunidad para el público, especialmente el juvenil, de acercarse a estos acontecimientos contados con pasión. Un libro que merece la pena recomendar hoy porque en él hallamos un autor inteligente que es capaz de entretener de principio a fin.
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Entrevista en Un lector indiscreto

Paco Portela, bloguero de Un lector indiscreto (que reseñó la novela ya), me entrevistó esta semana en su blog para que habláramos sobre la novela y sobre otras cosas más. Aquí está el resultado. Espero que os resulte interesante y, una vez más, ¡gracias Paco!

lectorindiscreto

El 12 de abril publiqué en este blog la reseña de Los últimos días del Imperio Celeste, de David Yague. Hoy vamos a conocer un poco más de este joven autor, que tiene un gran porvenir literario por delante.
David Yagüe (Madrid, 1982) es periodista y consultor de comunicación. Ha ejercido el periodismo en radio e Internet (Cadena Ser, radios locales) hasta llegar a su actual trabajo como periodista en el diario20 Minutos. Ha sido finalista del concurso de relatos Círculo Rojo (2009) y un relato suyo se ha convertido en una pieza de microteatro. Los últimos días del Imperio Celestes su segunda novela tras Bravo Tango Siete : el contratista(2011).
Puedes seguirle en Twitter, Facebook y en su blog davidyague.wordpress.com
1. Francisco Portela.-Como periodista has trabajado en radio y ahora en prensa escrita ¿En cuál de los dos medios de comunicación te encuentras más cómodo?
David Yagüe.- El medio en el que me encuentro más cómodo es la prensa escrita digital. Es en la que más años he desarrollado mi actividad laboral y por lo tanto en ella cada vez me desenvuelvo mejor. Eso si me preguntas por ‘comodidad’, si es por disfrutar, la radio sin duda. Ese medio tiene algo mágico.
2. F. P.- Veo que también eres un gran aficionado al cine. ¿Te gusta más el clásico o el actual?
D.Y.- Me encanta todo el cine. Devoro todas las películas que puedo, me pasa como con los libros. Sin embargo, he de decir que siento mucho cariño por las películas clásicas. No sé si es simplemente que me gustan más o que me recuerdan a las personas que me enseñaron a degustar y ver ese cine, mis padres, mis abuelos…
3. F.P.- Has publicado dos novelas hasta la fecha encuadradas en géneros literarios distintos, aunque la acción y la aventura parece que son el denominador común en ambas. ¿Crees que esta es la mejor forma de que el lector se sienta más cómodo a la hora de disfrutar con una novela?.
D.Y.- En tiempos tan acelerados como los que vivimos parece que una historia que no tenga movimiento, acción, que no pasen cosas desde la primera página no está en línea con el lector actual. Parece que nos hemos vuelto impacientes hasta cuando abrimos un libro y aparentemente desconectamos de la realidad. Así que sí, creo que son dos elementos que pueden servir para ‘enganchar’ al lector.
En mi caso, he contado esas dos historias de esa manera porque era lo que pedían ellas, si me permites la expresión. Esas historias pedían aventura y acción. Quizá las próximas sean más pausadas o quizá no, no las escribo buscando que tengan esos elementos, sino que busco historias y después pienso cómo deben llegar al lector.
4. F.P.- ¿Qué te atrajo de la rebelión de los bóxers para escribir Los últimos días del Imperio Celeste. ?
D.Y.-Todo, la historia de China en el siglo XIX y principios del XX es fascinante y ese hecho, más. Sabía desde hacía muchos años que quería escribir una novela ambientada en ese hecho histórico, que me ofrecía un marco enigmático, unos personajes diversos, de diferentes nacionalidades y orígenes, intriga, drama, grandes conflictos etc. y con esos elementos sólo podía pensar en una novela de aventuras como las que había leído desde siempre.

Como novelista no podía dejar pasar aquel rabioso levantamiento antiextranjero que protagonizó esa sociedad secreta conocida como los bóxers, en el año 1900 en China.
5. F.P.- ¿Fue difícil documentarte sobre todo lo acontecido en la época en que se produjo este levantamiento contra las injerencias extranjeras en China?
Más que difícil, laborioso. Busqué abundante bibliografía (sobre todo en inglés) para documentarme y, afortunadamente, muchos protagonistas dejaron sus recuerdos sobre aquella época escrita y muchos historiadores lo han tratado, así que finalmente encontré material.
Todo eso lo completé con las impresiones de diferentes viajeros que visitaron China no solo en aquella época, sino un poco antes o después. Entre ellos, había un español que vivió el final del suceso histórico: Luis de Valera, el único ‘contingente’ que aportó España a la misión multinacional que invadió el norte de China.
6. F.P.-Entre los personajes de esta novela hay dos españoles. ¿Tuvo alguna relevancia el papel de la legación de España en la resolución de este conflicto?.
D.Y.-España, en aquel momento tras haber perdido Filipinas, no tenía papel en la China de la época. Sólo había un español en Pekín durante el cerco a las Legaciones de los bóxers: el embajador Bernardo de Cólogan. Y, contra lo que se podía esperar, tuvo un papel en la resolución del conflicto: redactó y firmó el tratado que puso fin a la guerra ya que era el decano de los diplomáticos allí establecidos.
Los extranjeros que convivieron durante el asedio con él le describen con admiración. Tras resultar incendiada la legación francesa, ofreció a los galos refugiarse en su embajada y… ¡tuvo tiempo hasta de componer un valls durante los días de asedio!
7. F.P.- Se suele decir que los personajes que aparecen en las novelas son una prolongación del autor o del entorno que les rodea. ¿Ocurre lo mismo en los perfilados por David Yagüe?
D.Y.- Es lógico que utilice cosas mías y de personas que conozco para muchos de mis personajes, que traslade mis experiencias, de una manera totalmente distorsionada, a mis caracteres ficticios. Sin embargo, no me veo reflejado fielmente en ninguno de mis personajes y no he creado ninguno a mi imagen y semejanza, al menos conscientemente.
8. F.P.- En tu blog haces una lista de las que consideras que son, para tí, las diez mejores novelas de aventuras. ¿Son estos tus autores preferidos?. ¿Han influido de alguna manera en tu forma de escribir? Aunque creo que también se nota la técnica cinematográfica en la plasticidad con las que nos presentas las escenas.
D.Y.- Son mis autores preferidos de ese género, me resulta difícil hablar sólo de un puñado de autores preferidos… ¡hay tantos de los que disfruto! Pero sí, soy de los que piensa que todo lo que leemos, no solo novela, no solo las novelas que nos gustan, nos influye. Y aciertas con que las películas también lo hacen. Soy de una generación que ha crecido con el cine y la televisión y esa forma de narrar ya es parte de mi. No te sabría decir en qué nivel o en qué elementos me influye cada uno, creo que es algo intuitivo, que mezclo multitud de referencias y estilos que me han gustado y, también, por qué no decirlo intento separarme de los que no me gustan.
9. F.P. – ¿Cuál de los procesos te resulta más difícil a la hora de escribir una novela?.
D.Y.- El de corregir, sin duda. Es el más técnico y el más peligroso, de tan necesario que es. Sin embargo, en ese momento en que debes ser minucioso, has perdido parte de esa energía creadora, de esa magia algo loca que tienes cuando estás plasmando por primera vez en palabras la historia. Se hace pesado, se hace muy muy duro, pero como te decía cada día me afirmo un poco más sobre que es una parte fundamental del trabajo del escritor.
10. F.P.-¿Sueles escribir tus novelas con un esquema predeterminado o este varía según vaya avanzando la novela?. Se dice que los personajes se vuelven rebeldes e influyen en el desarrollo de misma. ¿Es cierto o es solo una leyenda?
D.Y.- Creo que, por autores que he conocido y otros a los que he leído, que depende de cada uno. En mi caso, suelo ser bastante organizado y suelo tener un esquema más o menos determinado antes de empezar a escribir. Lo que siempre tengo pensado es el final, necesito saber hacia dónde me dirijo, luego lo demás… Pues sí es verdad, que algunos personajes y algunas historias te llevan un poco por dónde quieren, te piden otras cosas. En las dos novelas que he escrito hasta la fecha, han cambiado cosas del desarrollo, pero nunca el final.
12. F.P. – Una vez concluida la novela viene la parte más difícil: encontrar una editorial que crea en tu proyecto. ¿Qué consejos le das a un escritor que empieza y ve cómo las puertas a las que llama se le van cerrando?.
D.Y.-Inteligencia, paciencia y confianza. Inteligencia para que no mande su novela a todo lo que se mueva: que estudie cómo es su novela, en qué editorial encajaría y cómo puede presentarla de una manera atractiva. Paciencia, porque este proceso se suele alargar mucho, le rechazarán muchas, etc. Y confianza, porque si le gusta lo que escribe y confía en ello, el momento llegará.
He trabajado un poco en áreas de comunicación de editoriales (antes y durante la crisis) y creo poder decir que las cosas están difíciles, pero que en este sector publicar nunca fue fácil. Hoy al menos, las nuevas tecnologías ofrecen herramientas útiles de autopublicación que, aunque no creo que sean esa panacea que algunas personas están vendiendo, es un camino que antes no era tan fácil. Pero demuestra que siempre hay caminos.
13. F.P. – ¿Qué es lo que sueles leer habitualmente? ¿Hay algún libros en especial del que guardes gratos recuerdos?
D.Y.- Intento leer de todo: ahora mismo leo de manera intercalada un libro de psicología, otro de historia de China, un libro sobre técnicas literarias y una novela policíaca. Tengo muchos libros de los que guardo gratísimos recuerdos… Unos por lo que despertaron en mí leyéndolos; otros porque pensé “quiero escribir algún día algo tan bueno como esto”; otros, por quién me los regaló o presentó; por dónde los leí… Son muchos y prefiero guardar esos recuerdos para mí.
14.F.P – Me imagino que será secreto de sumario pero ¿tienes algún nuevo proyecto literario entre manos?
D.Y.- Sí, por supuesto, pero, como tu bien dices, prefiero no hablar de novelas que no he terminado de escribir no vaya a ser que se tuerza la historia.
15. F.P – Gracias por concederme esta entrevista y te felicito por el éxito que estás teniendo conLos últimos días del Imperio Celeste.
D.Y.- A ti, muchas gracias por ayudar a presentar esta historia a los lectores.

 

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Entrevista y reseña sobre Los últimos días del imperio celeste

El escritor hispano-estadounidense James Nava se ofreció a entrevistarme hace unas semanas. De aquel productivo intercambio de mails, esto es lo que salió. Espero que os resulte interesante.

 

Lo primero, gracias por concederme esta entrevista. Su segunda novela está ambientada en China, ¿de qué trata? ¿Cuáles son sus objetivos con  Los últimos días del Imperio Celeste (Roca, 2014)?

Los últimos días del imperio celeste es una novela de aventuras ambientada en un hecho histórico: la rebelión bóxer, sucedida en China en 1900. En ella, un grupo muy variado de personajes (españoles, estadounidenses, chinos, británicos, rusos…) tendrán que vivir una historia de acción, amor, lealtad, engaño y misterio, a la par que sobreviven a aquel sangriento verano del año 1900 en China. ¿Mis objetivos? El más sencillo, pero también el más difícil: transportar a los lectores a un lugar a más de cien años y miles de kilómetros de distancia y que allí disfruten y se emocionen con esta aventura. Si, además, les logro picar la curiosidad sobre aquel hecho histórico habré cumplido todos mis objetivos.

¿Cuándo y cómo surge la idea de escribirla?

La idea llevaba revoloteando por mi cabeza hace muchos años. No te sabría decir una fecha exacta. Desde pequeño he estado fascinado por una película, 55 días en Pekín, que he visto decenas de veces. Esa película me metió el gusanillo de leer todo lo que cayera en mis manos sobre la historia de la rebelión bóxer… Y en algún momento nació la necesidad de escribir esta novela. No sé por qué, pero siempre la vi como una novela de aventuras.

¿Cuánto tiempo le llevó la redacción de la novela?

Hubo parones, tiempos para detenerse y documentarse más, pero unos dos años.

¿Cuál fue el mayor desafío a la hora de documentarse?

El mayor desafío fue recrear dos espacios tan característicos como la China de 1900 y el mundo de los extranjeros que allí vivían con detalle y verosimilitud. Los libros de historia, de viajeros de la época y de los testimonios de aquel verano me dieron casi todas las respuestas.

¿Quién es su mayor crítico? 

¡Mi mujer! Es mi mayor y mejor crítica. Algunas de las mejoras que me sugirió para esta historia la hicieron crecer y mucho. Lástima que no siguiera todas sus recomendaciones, pero ya sabes, los escritores somos un poco cabezotas.

La combinación de géneros que se desprende de la novela la convierten en algo original, ¿cuál fue la corriente literaria que más le influyó? ¿O hubo más de una?

La corriente que más influyó en esta novela es la novela de aventuras que podríamos decir ‘de toda la vida’: Salgari, Verne, etc. Pero también he tomado recursos de la novela de suspense. Un amigo periodista me aseguró que había un recurso que le recordaba al Halcón Maltés, de Hammett. A mí no se me había ocurrido esa comparación. Pero he de decir que me encantó…

Indudablemente al lector se le vendrá a la cabeza la película 55 días en Pekín al leer esta novela. ¿Le ha inspirado de alguna manera?

¡Mucho! Como te comentaba más arriba fue el origen de todo esto. He intentado ser más respetuoso con la historia que con el film, pero el visionado de la película puede resultar un complemento interesante para el libro.

¿Qué personajes destacarías como fundamentales en el argumento? ¿Por qué?

En esta novela hay muchos personajes que tienen peso en la novela, pero destacaría a cuatro. Paul Kelly, el hijo de un importante comerciante británico que tendrá que enfrentarse a las decisiones más trascendentales de su vida; el español Ramón Álvarez, un español veterano de la guerra de Filipinas con una enorme capacidad para meterse en problemas y Sarah Liddle, una misionera irlandesa que va a comprobar los horrores de la guerra y el fanatismo. Estos tres personajes vivirán experiencias traumáticas durante aquel verano de 1900 y saldrán trasformados de lo vivido. Los que sobrevivan, claro…

¿Estás satisfecho con el final que le has dado a la novela? ¿Le costó elaborarlo?

Bastante satisfecho. Salió bastante natural, la verdad, lo tuve muy claro desde el principio.
Para los que duden, dígame algunas razones por las que el lector debería dar una oportunidad a su novela y por las que disfrutará con ella.
Solo les diré que si les gustan las novelas de aventuras con mucha acción, amor, emociones, algo de misterio y muchos personajes, den una oportunidad a Los últimos días del imperio celeste. Les va a gustar, no tengo dudas. Además, el marco histórico es sumamente interesante.

¿Qué parte de la edición le ha gustado más?

He aprendido mucho de todos los pases de la edición de este libro. El equipo de profesionales de Roca Editorial es impresionante y estoy aprendiendo muchísimo con ellos. Aún así, lo que más me gusta es escribir, obviamente.
¿Le está dando muchas alegrías esta novela? ¿Cómo está siendo la respuesta de la crítica y los lectores?
Muchas, ya antes de salir al mercado me las daba. De momento es pronto para decir, pero crítica y lectores parecen estar disfrutando de esta gran aventura.

¿Qué le impulsa a escribir?

Desde niño he sentido la necesidad de escribir, de contar historias. Me relaja, me apasiona, me atrapa. Es lo que me gusta y es en lo que me siento más cómodo. Aunque no me dejaran publicar una línea, seguiría escribiendo…
¿Cómo ve el panorama editorial actual en España?
Difícil, pero ¿cuándo ha sido fácil? He estado trabajando o en contacto con este sector desde 2004 y no recuerdo ningún momento en que fuera fácil, aunque la situación general fuera mejor. Creo que los problemas que tenemos hoy redundarán en un panorama mejor en el futuro. Pero hay que trabajárselo.

¿Qué opina de la piratería de los ebooks? ¿De las redes sociales como soporte para promocionar? ¿Y de los blogs literarios?

La piratería digital es un problema importante al que creo que ni usuarios, ni industria ni instituciones se están acercando con una mentalidad lo suficientemente abierta. La solución a estos problemas no está solo en el ‘todo gratis’, en obstaculizar el desarrollo de los nuevos medios o en penalizar todo. Esas mentalidades son cortoplacistas y acabarán por agotar a los creadores, a la industria y al mundo cultural. Lamentablemente no tengo la solución, pero creo que estará en un diálogo más atento y abierto de las partes implicadas.
Las redes sociales, creo, son una herramienta indispensable, no sólo para promocionar nuestras novelas, sino, y esto creo que es más importante, para que lectores y escritores podamos comunicarnos directamente. Hace diez años ese contacto se reducía a ir a una firma o al correo postal y ahora podemos charlar a todas horas.
Y, de tu última pregunta, qué te puedo decir de los blogs cuando yo participo activamente en uno (Best Seller Español http://nuevobestsellerespanol.blogspot.com.es/): creo que son una forma magnífica de promocionar escritores y novelas. Quizá no sea crítica literaria, pero son medios excelentes creador por y para lectores.

¿Qué le parece el auge de la novela erótica, tan de moda en España y en tantos países?

Me parece bien, a fin de cuentas es lo que parece que quieren los lectores. Pero sí te puedo decir que a mí no me he atrapado en sus redes este fenómeno, ni como escritor ni como lector.

¿Qué libro está leyendo ahora?

Dos muy interesantes: una novela western Hondo de Louis L`Amour (Valdemar, 2014) y un ensayo Pensar deprisa, pensar despacio de Daniel Kanheman (Debate, 2012). No los he acabado aún, pero los recomiendo sin dudar.

El sector editorial español está inmerso en una profunda crisis, ¿cómo le afecta a usted?

Desde luego nos afecta a todos, escritores, profesionales y lectores. Aún así, no me puedo quejar, en plena crisis he publicado dos novelas y la segunda, en una editorial de prestigio y parece que los lectores se están acercando a ella.

¿Qué espera conseguir en el mundo literario?

Voy paso a paso. Mantengo las ganas y la ilusión por escribir y espero seguir así ¿Qué espero conseguir? Ir creciendo como escritor y llegar a cada vez más lectores

Al igual que yo, es usted un aficionado a la literatura western, una de las más populares aquí en Estados Unidos, ¿cree que se la conoce y se la valora lo suficiente en España? ¿Puede decirme algunas de sus obras favoritas del género?

A nivel popular creo que el western literario pasa un poco desapercibido en España, sin embargo los aficionados al género tenemos cada vez más buenas noticias. En los últimos años he visto muchas rediciones de clásicos del western (mención especial a la colección Frontera, de la editorial Valdemar, que es imprescindible), pero también tenemos títulos de McCarthy (aunque este es mucho más que western) u Oakley Hall.
Sobre mis obras favoritas, tengo mucho cariño a la autobiografía de Buffalo Bill, que leí cuando era adolescente. De los que he leído últimamente destacaría: Centauros del desierto, de Alan Le May, y los relatos de Indian Country de Dorothy M. Johnson. Esos dos libros son imprescindibles.

¿Para cuándo su próxima novela? ¿Puede adelantarnos en qué época o escenario estará ambientada?

Para cuando es difícil saberlo, porque de momento no tengo ningún proyecto terminado. Eso sí, la próxima novela probablemente estará ambientada en España, pero en una época mucho más lejanas.

Muchas gracias por su tiempo y toda la suerte del mundo.

A ti, James.

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Cixí, la emperatriz De Jung Chang

Cixi, la emperatriz viuda, es uno de los secundarios reales y de lujo de Los últimos días del imperio celeste. La verdad es que la anciana es un personaje que da mucho de sí y que lamentablemente para los ojos de la historia occidental y de su propio país como una gran villana. Pero no hay que olvidar lo que debió suponer pasar de ser concubina a emperatriz y reinar en aquel momento y lugar. Tiene su mérito.

Casualmente, acaba de salir al mercado una biografía Cixí, la emperatrizde la que hablan maravillas y que da una visión diferente. Yo ya lo tengo en la pila, así que os hablaré de él proximamente. Como anécdota diré, que este libro ha tenido una conexión española (su correctora) con Los últimos días del imperio celeste.

Cixí, la emperatriz

La concubina que creó la China moderna

Jung Chang

La monumental biografía de una de las mujeres más poderosas y transgresoras de todos los tiempos, por la autora que cautivó a los lectores con Cisnes salvajes

Uno de los mejores libros de 2013 según The New York Times

A los dieciséis años, Cixí fue elegida una de las numerosas concubinas del emperador. Pasó entonces a vivir en la Ciudad Prohibida de Pekín, rodeada de eunucos —de uno de los cuales se enamoraría más tarde, con consecuencias trágicas—, y su astucia le permitió no sólo sobrevivir en la corte sino también escalar posiciones hasta convertirse, tras el nacimiento de su hijo, en segunda consorte. Cuando el emperador murió en 1861, el hijo de ambos, de cinco años, le sucedió en el trono, y Cixí puso en marcha un golpe de Estado contra los regentes propuestos por su marido y tomó así el mando de China.

La emperatriz viuda transformó un imperio medieval dándole los atributos de un Estado moderno: industria, ferrocarril, electricidad y un ejército provisto de lo último en armamento. Abolió castigos tan horribles como la «muerte por mil cortes», puso fin al tradicional vendado de pies y dio los primeros pasos hacia la liberación de la mujer.

Apoyándose en fuentes hasta hoy desconocidas, Jung Chang, autora de la aclamada novela Cisnes salvajes, no sólo da cuenta magistralmente del astuto y valiente manejo de la política por parte de Cixí, sino que también traslada al lector a los rincones de su espléndido Palacio de Verano y al harén de la Ciudad Prohibida de Pekín y describe con todo lujo de detalles un mundo, mezcla de tradición y modernidad, que hoy resulta casi increíble.
La crítica ha dicho…

«Cautivadora. Lo que resulta tan provocador de la lectura de esta nueva biografía son las similitudes entre los desafíos que afrontó la corte Qing hace un siglo y los que afronta hoy el Partido Comunista chino. Una historia tan relevante como evocadora.»
Orville Schell, The New York Times

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