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Presentación de Los últimos días del imperio celeste en Úbeda

David Yague

Los amigos del Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda, que tuvieron la amabilidad de invitarme a participar en esta edición que finalizó este domingo, han colgado en su blog un pequeño resumen de lo que dio de sí la presentación, realizada por Alberto San Frutos, presidente de la Asociación Plaza Vieja.

Antes de dejaros con ese texto, quería agradecer a todas las personas que organizan ese certamen y al equipo de Roca Editorial la oportunidad de haber participado en él. Ha sido una experiencia única. No queda más opción, después de haber pasado por allí, más que rendirse ante la ilusión y trabajo de esas personas, enamoradas de la cultura, por levantar un certamen tan impresionante, sin apenas ayuda ni atención pública. Es algo memorable, y me resulta difícil pensar que algún autor de los que hemos pasado por allí no lo recomendemos hasta la extenuación.

Gracias a todo ese equipo, Pablo, Sebastián, Alberto y tantos nombres que seguro que me dejo. Y también, un abrazo fuerte a esos estupendos autores que he conocido en esos días: Ildefonso Arenas, Magdalena Albero y Francisco Melero.

Sin más, os dejo con el mencionado resumen:

Presentada en el palacio Vela de los Cobos el sábado 15 de noviembre, en el arranque del Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda.

Alberto Sanfrutos, presidente de la Asociación Plaza Vieja dijo en su presentación  que es un joven periodista que actualmente ha entrado en el mundo de la literatura, algo frecuente en la historia de la literatura universal.

“Los últimos días del Imperio celeste” es la segunda novela que publica, situada en el año 1900, en China, una sociedad secreta, defensora de las tradiciones milenarias chinas, los conocidos “bóxer”, que amenazan con acabar con los extranjeros en la región y los chinos cristianos. Tiene el apoyo de la Emperatriz china y la indolencia de las legaciones diplomáticas allí instaladas que no dieron la importancia suficiente a ese movimiento.

Es una novela de aventuras muy relacionada con la película “55 días en Pekín”, rodada en España, que había fascinado al autor de pequeño. “Echaba en falta cómo en los últimos tiempos no se escribían novelas de aventuras como lo hacía Walter Scott o Emili Salgari” -dice David Yagüe-, por lo que me embarqué en la aventura de la rebelión Bóxer en la turbulenta China de 1900”.

“Es una novela de un ritmo trepidante, de escenas cortas, muy cinematográficas” –dice Alberto. “En la rebelión Bóxer había muchos personajes, tantos chinos como occidentales, a los que quise tener dentro de la novela y la complejidad histórica del momento” –añade David. “Tantos los occidentales de la novela como los chinos eran racistas” en una China desgarrada por la modernidad que llegaba de Occidente y unas potencias que esquilmaban el país. También es la contradicción entre el patriotismo y el rechazo al cambio cultural. “Uno de mis personajes favoritos es el mandarín, que simboliza el conflicto de los chinos y la emperatriz, que es clave dirigiendo China más de cinco décadas, tratando de modernizar China sin perder su esencia, lo que les fue imposible, y nuestro embajador, decano diplomático en la zona, que aguantó el cerco, el que redactó el tratado que puso fin al conflicto”.

Post original en el Blog del Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda (21 de noviembre).

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Los últimos días del imperio celeste en el Certamen Internacional de Novela Histórica Ciudad de Úbeda

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Nuestros amigos los bóxers de Los últimos días del imperio celeste continúan su gira por España. Esta sábado, 15 de noviembre, estaré en la inauguración del Certamen Internacional de Novela Histórica Ciudad de Úbeda hablando sobre la novela. Será en el acto de inauguración del certamen, tras la inauguración y el homenaje al tristemente fallecido escritor José Manuel García Marín, y compartiremos mesa dos autores de Roca Editorial (como el homenajeado) Magdalena Albero Andrés (autora de Los caminos del mar) y servidor.

A partir de las 12 horas en el Palacio Vela de Cobos. ¡Os espero!

(Y os dejo el tríptico completo de las jornadas, que tienen pintaza)

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Entrevista en TodoLiteratura sobre Los últimos días del imperio celeste

 

todoliteratura

 

Os dejo aquí la entrevista que me hizo en julio Felipe Velasco para TodoLiteratura. ¡Espero que os resulte a vosotros tan interesantes como a mí hacerla!

Los últimos días del Imperio Celeste” es la segunda novela del periodista y escritor David Yagüe. En este libro nos presenta una trama trepidante ambientada en China en el año 1900 durante el levantamiento de los bóxers, época histórica bastante interesante pero también bastante desconocida.

En esta entrevista con David Yagüe hemos hablado sobre múltiples temas que forman parte de la novela, como la abrumadora presencia de las potencias extranjeras, los avances de la religión cristiana en China o los orígenes de la rebelión de los bóxers, además de las experiencias del autor en la Semana Negra de Gijón.

¿Qué le llevó a escribir Los últimos días del imperio celeste?
Se mezclaron dos ideas: mi pasión infantil con la película 55 días en Pekín, y el posterior interior por el hecho histórico en el que se basa, y mi amor por las novelas de aventuras. Desde hace muchos años deseaba juntar esas dos pasiones y dar forma a esta novela.

¿Hasta dónde llegaba la importancia de la presencia de las legaciones extranjeras en China?
La presencia de las potencias extranjeras en China en aquel tiempo era extremadamente relevante. En el fondo, se estaban viviendo los estertores de los grandes movimientos colonialistas e imperialistas. EE UU también estaba entrando en ese juego, aunque de otra manera diferente a la que participaban Reino Unido o Francia. Las potencias vieron en la China de los Qing un gran imperio en decadencia, corrupto y débil, y entraron con la indisimulada intención de aprovecharse y ganar influencia y territorio. Estaban desgajando China, convirtiéndola en una colonia internacional. También, no todo es blanco o negro, claro está, estaban trayendo a un país anclado en el pasado una serie de innovaciones y vientos de cambio que calarían profundamente.

¿Cómo habían conseguido esa presencia tan relevante?
Por la fuerza bruta, indudablemente. A lo largo del siglo XX, ya fuera por amenazas o por intervenciones militares, las potencias extranjeras lograban lo que querían de China. Las Guerras del Opio, conflictos con Japón o las cesiones de diversos puertos francos eran las pruebas fehacientes.

¿Cómo se vieron afectadas las relaciones de España con China a raíz de la pérdida de las Filipinas?
China y España tenían relaciones oficiales (en 1864 se firmó un tratado de Amistad y Comercio entre ambos países y se habló en varias ocasiones de los trabajadores chinos que iban a colonias españoles a trabajar, sobre todo Cuba), pero el peso de España en Asia era poco más que simbólico. Con la caída de Filipinas, se convirtió en testimonial. De las potencias con legación en Pekín, España (quizá junto a Países Bajos y Bélgica) fue la única que no envió tropas a China en el año 1900.

Eso sí, fue nuestro embajador en el sitio, Bernardo Cólogan, quién firmó el protocolo que puso fin al conflicto bélico en 1901.

¿Qué factores precipitaron el levantamiento de los bóxers?
El malestar del pueblo, hundido y hambriento por una sequía brutal en el norte de China mientras veía a los extranjeros vivir muy bien y convertir a sus compatriotas a su religión y la decadencia y el desnorte de la dinastía Qing. La emperatriz viuda Cixí, que reinaba una vez apartado el emperador y no era nada amiga de las ideas de los bóxers, se vio forzada a apoyarles quizá en un inútil intento de mantener el orgullo nacional ante los desmanes de los extranjeros.

¿Cómo se consiguió que pasaran de criticar a la dinastía Qing a ser unos defensores acérrimos de la misma?
Es una buena pregunta, casi todos los grupos de este tipo de la China del siglo XIX, incluido alguno de los que dio origen a los bóxers, eran abiertamente rebeldes ante la clase dirigente manchú. Quizá, el giro de la corte en esos años hacia una política más conservadora y antiextranjera les hizo ver en la dinastía un elemento aliado para conseguir su sueño de exterminar a los extranjeros.

¿Cómo afectó la rebelión de los bóxers a posteriori a las relaciones de China con las potencias europeas, Estados Unidos y Japón?
La derrota china supuso un nuevo listado de duras condiciones, sobre todo económicas, impuestas por los vencedores, que continuaron tratando a China como un país menor. Japón, por ejemplo, continuaría sus intentos de controlar el país, que se alargarían hasta los años 30. Quizá el cambio más importante fue para la propia China: probablemente la derrota de los bóxers supuso la aceleración real de unos cambios que acabarían por crear la China moderna.

¿Cómo consiguió el cristianismo abrirse un hueco en una China en principio tan tradicional?
El cristianismo y sus enviados ya habían llamado a las puertas de China desde varios siglos antes. La insistencia de los misioneros de las distintas iglesias y confesiones les abrió hueco, lograron conversiones e incluso, en algunos casos, se puede hablar de una buena labor humanitaria y educativa. Sin embargo, como bien dices, la mayoría de la sociedad China (y los bóxers fueron un ejemplo) no sentían demasiado atractivo por esta nueva religión, que veían muy vinculada a los extranjeros que la traían.

¿Le ha resultado muy complicado combinar personajes tan distintos unos de otros en esta novela?
Tienes que tener un orden de trabajo, pero no, ha sido un placer. La variedad de personajes era fundamental en esta novela, ya que con ella quería representar la coralidad de nacionalidades y personalidades que coincidieron en aquel conflictivo año de 1900 en China.

¿Por qué le gusta utilizar un estilo basado en capítulos cortos y rápidos?
En este caso, creo que me ayudaban a mantener un ritmo rápido y ordenado, a la par que me permitía mantener un cierto orden, ya que, como bien decías, son muchos los personajes que aparecen en la novela.

¿Cómo ha sido para usted participar en la Semana Negra de Gijón de este año?
Ha sido un auténtico placer. Era mi primera vez y seguramente andaba un poco despistado. Y a pesar de todo, ha merecido la pena como siempre que me encuentro con posibles lectores de la novela. Estar hablando con varios de ellos (algunos muy interesados en la novela, lo que me emocionó) y conocer a varios escritores como Craig Russell, David López, Nacho Cabana y otros tantos fue un auténtico lujazo.

¿Está trabajando en alguna nueva novela?
En una no, en dos. No sé cómo funcionará la cosa porque siempre he ido acabando una y empezando otra, pero esta vez las cosas han surgido de otra manera. Veremos si llegan a buen puerto y puedo contaros algo nuevo sobre ellas en breve.

La entrevista original.

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La novela antihistórica: “El autor se merece un aplauso, una cerrada ovación”

novelantihistorica

 

Hoy os dejo una reseña que, la verdad, me sorprendió por lo positiva y por la valoración que hace de las intenciones de la novela y su ambientación. La verdad, uno se queda sin palabras, pero feliz, cuando lee cosas como esta, que ha escrito Carlos Rilova Jericó en el blog La novela antihistórica. Gracias.

Quizás sea una exageración decir que los lectores españoles han tenido que esperar 55 años para que, al fin, se publicase una novela como la de David Yagüe.

Llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

O tal vez no. Si contamos bien desde que se realizó, en España, y se estrenó, la película que es la inmediata referencia de esa novela, la apabullante “55 días en Pekín”, casi son los años, 55, que han pasado desde que esa película, para asombro de propios y extraños, contaba en pleno Tardofranquismo que España -oh sorpresa- había estado metida en magnas aventuras internacionales como las que salían en las películas del Hollywood que algunos llaman de la “Era dorada” y de las que esa película, “55 días en Pekín”, es una buena muestra.

Pues sí, desde entonces todo ha sido -o casi- silencio sobre las escasas escenas de esa película en las que resulta que aparece una legación española en Pekín, con su bandera roguigualda, su himno y hasta un apócrifo embajador español que aconseja a David Niven -interpretando al embajador británico en Pekín- sobre lo que hay que hacer ante la inminente rebelión de los boxers.

Y si no ha habido silencio, ha habido toda clase de especulaciones acerca de la razón para que apareciesen tales cosas en un contexto tan extraño para ellas como una película de aventuras del Hollywood clásico.

Incluso que eso -lo de la bandera, el himno, el embajador español codeándose con los de otras potencias europeas- era sólo una concesión al país, España, que había puesto escenarios, estudios y mano de obra barata para que se rodase esa película ya mítica.

Hasta este año 2014 poco más sensato se ha dicho. Se ha escrito algún que otro artículo, se ha hecho mención al asunto en alguna tesis doctoral, incluso se ha escrito algún que otro relato -“En la ciudad imperial de Pekín (1900)”https://lacoleccionreding.wordpress.com/2012/10/18/se-puede-hacer-mejor-7/– que no ha salido del aún mal aceptado mundo digital.

Por lo demás, por lo que respecta al tema de España y la rebelión de los boxers, para el gran público, ese que consume cultura a través de las grandes superficies y siguiendo el dictado de las grandes empresas del sector, ese país no pintaba nada en el asunto y, sí, seguramente, lo que se veía en “55 días en Pekín” era sólo una fantasía urdida por los productores para halagar la vanidad del país -aquel país tan peculiar, aquella democracia orgánica que empezaba a saber lo que eran un bikini, los Beatles, los Ye-Yés, etc…- que les ofrecía marcos incomparables, estudios también más o menos incomparables y, sobre todo, mano de obra barata y costes muy reducidos gracias al diferencial entre su moneda y las divisas manejadas por Hollywood.

Así las cosas, ha habido que esperar a que un nacido en plena España de la Transición llegase a las puertas del gran negocio editorial español, llamase a ellas, se las abriesen en lugar de echarlo a patadas por la puerta de servicio y así perpetrase la hazaña, gran hazaña, de escribir una novela en la que, blanco sobre negro, se informa al gran público de que no, de que es absolutamente verídico, un hecho histórico comprobable, que España tenía una legación en el Pekín imperial de 1900, junto a la de Japón, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos…, con su bandera, su embajador y todo lo demás que los boxers querían destruir.

Sólo por eso David Yagüe, el autor de la hazaña literaria en cuestión, titulada “Los últimos días del Imperio Celeste”, se merece un aplauso. Incluso una cerrada ovación.

Y, por supuesto, que los lectores se tomen como un deber comprar, leer y recomendar esa primera novela histórica de David Yagüe.

Más que nada porque, de momento, ese es un tesoro verdaderamente difícil de encontrar en el mercado literario español.

Detalle de la llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

En efecto, “Los últimos días del Imperio Celeste” ofrece de manera amena pero, en general, bien documentada, una información verdaderamente valiosa para unos lectores -los españoles- que -no nos engañemos- desconocen todo sobre un episodio apasionante de su Historia reciente que, en efecto, está a la altura de cualquier cosa que nos pueda contar Hollywood.

Las aventuras de Ramón Álvarez, el protagonista de “Los últimos días del Imperio Celeste” en la caliente China de la primavera y el verano del año 1900, son perfectamente razonables y plausibles. Tanto como lo pueden ser las de cualquier protagonista de una novela anglosajona de las que, hasta la fecha, han tenido colonizado nuestro mercado cultural.

Como descubrirán enseguida los lectores que se aproximen a esta primera -y esperemos que no última- novela histórica de David Yagüe, se trata de un personaje bastante redondo: un niño de buena familia madrileña, del Madrid de Pérez-Galdós que Yagüe tiene la intuición, el buen sentido, de describir, aunque sea con unas leves pinceladas, como una realidad que trasciende a los tópicos literarios del autor de los “Episodios Nacionales”. En efecto, Ramón Álvarez ha sido enviado a la guerra en el año 1898 por su padre, un hombre de negocios de éxito, negándose a comprarle un sustituto que lo reemplazase en las selvas del frente filipino, para que espabile un poco y siente la cabeza.

Vano esfuerzo, pues Ramón se convierte allí, más que en el héroe que su padre espera, en eso que los franceses de hace cien años llamarán “emboscado”. Es decir, alguien que procura ponerse de perfil en el servicio de combate. Tanto que a veces ni siquiera lleva el uniforme azul horizonte llevado por miles de cadáveres que llenan el centro de Europa entre 1914 y 1918.

Ramón Álvarez, en efecto, se dedica a todo menos a combatir a los yankees y a los tagalos, buscando aprovecharse de la situación, dando tumbos de aquí para allá hasta que acaba, tras el fin de la guerra, en China. Va allí en compañía de otro aventurero trapisondista como él, Luis Garrea, que, también como él -y miles de occidentales y japoneses-, cree que el agonizante imperio chino puede ser la tierra de las oportunidades.

Es así como Ramón acaba metido en un turbio asunto de robo de antigüedades chinas que levanta el telón del trasfondo histórico, real -descrito con tanta veracidad en “Los últimos días del Imperio Celeste” que a veces parece pura y simple crueldad-, de la China de 1900, que, en un último esfuerzo, se alza contra los “kuei tseu”. Los demonios colorados, los extranjeros, fundamentalmente europeos, que han conseguido, con su superior tecnología, poner de rodillas a ese imperio que, como nos señala con buen criterio y mejor documentación David Yagüe, se considera el centro del Mundo.

Arrollado por esos hechos, Ramón empezará un viaje iniciático que lo va a llevar muy lejos del punto en el que ha empezado, convirtiéndolo en una persona también muy distinta, forjada en medio de los turbulentos acontecimientos que han pasado a la Historia como la “Rebelión de los boxers”.

Así Ramón se cruzará con el señor Cólogan, el embajador español en Pekín en ese año 1900 que, como recordaba Javier Sanz -uno de los pocos historiadores que ha tratado de sacarlo del olvido- en su blog “Historias de la Historia”, es poco menos que ninguneado en “55 días en Pekín”. Para empezar siendo cambiado su nombre por otro que nada tiene que ver con el verdadero del hombre que estaba allí, en Pekín, representando a España en 1900, en aquel volcán que es la China de la rebelión de los boxers.

No es ese el único encuentro que tiene Ramón. Ha llegado a la embajada española perseguido por, en efecto, un turbio asunto de tráfico de antigüedades en el que están interesados todos los tipos habituales en la China de 1900.

Es decir, desde funcionarios de la decadente corte imperial, boxers, chinos que quedan al margen de esos asuntos a la espera de acontecimientos futuros que se prolongarán hasta la Segunda Guerra Mundial -y, de hecho, hasta la actualidad-, hasta, sobre todo, diplomáticos europeos. Principalmente británicos y estadounidenses. Todo eso llevará a Ramón Álvarez a relacionarse con otros personajes de esas nacionalidades con los que compartirá una serie de aventuras dignas sino de la versión china de esos hechos -la del premio Nóbel Mo Yan también recientemente publicada-, sí de “55 días en Pekín”.

Detalle de la llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

Hay así en el camino de Ramón Álvarez misioneros como el matrimonio Liddle, formados por una fogosa y temperamental irlandesa y un equivalente británico de Ramón Álvarez. Es decir, un hijo de buena familia demasiado aventurero y audaz que ha acabado en el Ejército y de ahí, dando tumbos, en ese territorio fronterizo que es la China de 1900, tan turbulento que sólo puede estar lleno de oportunidades para gentes tan temerarias como él. Tanto que, como Álvarez, también está metido, en secreto, en el trafico de antigüedades chinas expoliadas por personajes de alto rango europeos, que ven aquella China imperial moribunda como un coto de caza particular.

Junto a los Liddle, Álvarez irá encontrándose con muchos otros. Desde personajes históricos con un papel muy destacado en la rebelión de los boxers como la emperatriz china Ci-Xi y el príncipe Tuan o el embajador alemán Von Klemens, hasta otros personajes ficticios que, sin embargo, como los Liddle, retratan muy bien aquella China a punto de sufrir una gigantesca convulsión, una transformación tan profunda como la que Europa sufrirá catorce años después con la Primera Guerra Mundial: el viejo traficante Lao Chiang, mentor de Álvarez y sus compañeros en las aventureras que les suceden en medio de aquella vorágine, el perverso bóxer Liu Han, encarnación de todo lo que provoca la rebelión de ese mismo nombre, el mandarín Kong Dao, que explica esa misma Historia desde el punto de vista del fracasado partido reformista chino, que trata, como bien explica la narración de David Yagüe, de hacer en China lo mismo que se había hecho del Japón del emperador Meiji, aventureros salidos del declinante “Salvaje Oeste”, como William Morgan, que, como Ramón Álvarez -o James Liddle- también ha llegado a China en parte por fascinación hacia ese exótico país tras casarse, y enviudar, de una china, como muchas otras enviadas a construir el ferrocarril para el que trabaja como pistolero Morgan, y un largo etc… que los lectores irán descubriendo por si mismos.

Todos ellos, en cualquier caso, son piezas que encajan en un conjunto que dibuja, con bastante exactitud, la China que desaparece engullida bajo la rebelión de los boxers que, como se deja ver en las páginas de esta novela, es la perfecta excusa para que las potencias europeas acaben de lanzar sobre ese imperio moribundo sus últimos y más certeros zarpazos.

Todo eso -y probablemente más- es lo que sacarán los que lean “Los últimos días del Imperio Celeste”.

¿Hay algo que no encontrarán en esas páginas y tal vez deberían encontrar?. Hilando muy fino se puede señalar que David Yagüe no termina de deshacerse del turbio complejo de inferioridad -ese “canon idiota” del que a veces se ha hablado en “La novela antihistórica”- tan inherente, al menos hasta ahora, a la novela histórica y “bestseller” española.

En efecto, Cólogan aparece en “Los últimos días del Imperio Celeste”, es revindicado por su verdadero apellido y más allá del relativamente triste papel que se le reserva en “55 días en Pekín”, pero, sin embargo, David Yagüe no acaba de darle todo el papel que hubiera merecido. Por ejemplo subrayando más, como si se hace en el artículo que Javier Sanz dedicaba a este personaje en “Historias de la Historia”, que Cólogan era el decano de los embajadores europeos en Pekín y que tiene un ascendiente sobre la corte imperial china que no tienen otros representantes diplomáticos allí presentes en 1900. Como el alemán Von Klemens que, sin embargo, disfruta de mucho más papel en la novela.

De hecho, en “Los últimos días del Imperio Celeste” no se recuerda con suficiente claridad que la decisión de resistir en el barrio de las legaciones en lugar de tratar de huir de Pekín antes de que estalle la rebelión bóxer, fue impuesta -no sugerida como se veía en la película- por Cólogan en su calidad de decano del cuerpo diplomático en Pekín, alegando que sería un suicidio intentar llegar hasta la costa, saliendo al encuentro de las tropas aliadas que vienen en su socorro. Hecho señalado hace ya bastantes años por Fernando Gómez de Val en un artículo sobre el tema publicado en la revista “Historia y Vida” en 1988.

Igualmente David Yagüe, y en esto coincide con Javier Sanz, se deja llevar por el que podríamos llamar “Mito del 98”, que siempre conduce a deducir que la derrota en Cuba y Filipinas ha dejado completamente fuera de juego a España a nivel internacional.

Algo que se desmiente con sólo revisar la correspondencia diplomática de colegas de Cólogan en la fecha. Por ejemplo, del destinado en Londres, aparentemente el centro del poder internacional en la fecha. El donostiarra Fermín Lasala y Collado, que revela a Madrid que Gran Bretaña en esos momentos -por así decir- ha agarrado más de lo que puede, enfangándose en la larga e inacabable guerra del Transvaal en la actual Sudáfrica. Trampa internacional que en esos momentos llevaba a Gran Bretaña a una extraordinaria amabilidad hacia España, tratando de resarcirla por haberla dejado abandonada frente a Estados Unidos en 1898.

Una actitud poco conocida, pero no por eso menos cierta, menos históricamente comprobable, que se concreta en la decidida apuesta española de rehacer su imperio colonial en África, precisamente desarrollando una alianza con una Gran Bretaña más que dispuesta a tener un aliado contento en la zona y, por si acaso, a espaldas de Francia.

Algo que alienta proyectos nada descabellados como el que sugiere ese mismo embajador en Londres en 1900: enviar a Taku, a la costa china, al Carlos V -uno de los más poderosos acorazados de la época- para dar a España un papel preeminente en las negociaciones que iban a seguir a la derrota boxer y que, en realidad, dada la influencia de Cólogan en la China pre y postboxer, como indicaba Javier Sanz en su artículo, era, en principio, un gesto de fuerza eficaz pero, quizás, superfluo.

Sin embargo, pese a la falta de detalles como estos -quizás todavía demasiado especializados- en “Los últimos días del Imperio Celeste”, no se puede pedir más a la novela de Yagüe. Hay que constatar, porque es justo constatarlo, que ya ha hecho bastante consiguiendo escribir y publicar una novela que en Inglaterra, Francia o Estados Unidos es perfectamente normal y que en España, para nuestra desgracia, ha sido hasta ahora una verdadera rareza.

Detalle de la llegada del destacamento francés del coronel Trude a Pao-Ting-Fu. "Le Petit Journal" de 11 de noviembre 1900

Sólo queda, pues, acabar deseando mucha suerte al autor y muchos años por delante para escribir muchas novelas que hagan de “Los últimos días del Imperio Celeste” un buen comienzo de una buena carrera literaria.

 

La reseña original.

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TodoLiteratura: “Prosa ágil, trepidante (…) una historia muy bien ambientada”

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Aquí os dejo una de las últimas reseñas que han aparecido de Los últimos días del imperio celeste. Ha sido en la web TodoLiteratura y la reseña no puede ser más favorable. Aquí os la dejo:

 

Roca Editorial ha publicado “Los últimos días del Imperio Celeste“, la segunda novela del periodista y escritor David Yagüe, quien ya nos sorprendió con su debut en Bravo Tango Siete. El Contratista y quien participa este año en la Semana Negra de Gijón. En este libro, nos presenta una trama trepidante ambientada en China en el año 1900 durante el levantamiento de los bóxers.

En China en el año 1900 un calor asfixiante parece anunciar el fuego de la guerra en el norte del país. Una sociedad secreta, los bóxers, amenaza con acabar con todos los extranjeros de la región, ante la pasividad de la corte manchú y la incredulidad de las potencias occidentales. En Pekín, un español veterano de la guerra de Filipinas y el hijo de un comerciante inglés se ven envueltos en un extraño robo de antigüedades.

Mientras tanto, un matrimonio de misioneros británicos sufre el horror de la guerra en una apartada aldea y un mandarín chino caído en desgracia tiene que aceptar una misión imposible al servicio de sus acérrimos enemigos de la corte imperial junto a un aterrador boxer de rostro deformado. Los destinos de estos personajes se cruzarán en una trepidante historia de aventuras, de lealtad y ambición, amor y traición, en aquel tórrido y sangriento verano de 1900, en el que el mundo entero contuvo el aliento con la vista puesta en China.

Los últimos días del Imperio Celeste es una novela que reproduce a lo largo de sus páginas el ambiente que se vivía en China durante los años que duró la rebelión de los bóxers, tanto en una ciudad de Pekín en la que el barrio que contenía las embajadas fue sitiado con numerosos extranjeros dentro pese a que inicialmente se consideró la revuelta como un hecho lejano que nunca podría llegar a la capital, como en las ciudades de China más aisladas, fundamentalmente en los asentamientos de chinos cristianos y misioneros europeos en las que se vivieron verdaderas masacres.

A su vez, en esta novela somos testigos del inmenso choque de culturas que se estaba viviendo en China, tanto por la presencia notoria de las potencias europeas y los territorios que iban adquiriendo en el país como por el giro revolucionario de la sociedad japonesa hacia la modernización, lo que les llevó en pocos años de estar pagando tributos a China a resultarles una verdadera amenaza. Y mientras, en China vemos cómo la gran mayoría se aferra con fuerza a las tradiciones y a la dinastía Qing pese a su pésima administración para derrochar odio contra los extranjeros y los chinos cristianos.

Y en esta época tan convulsa, David Yagüe nos narra las historias de diversos personajes que van desde diplomáticos, comerciantes, misioneros y estafadores europeos hasta chinos bóxers o cristianos, además de espías y personajes reales de la alta política del Imperio Celeste.

En definitiva, en Los últimos días del Imperio Celeste, David Yagüe, con una prosa ágil, trepidante y capítulos cortos que se asemejan a escenas cinematográficas, nos narra una historia muy bien ambientada que transcurre en una época histórica bastante interesante pero poco tratada en la literatura y bastante desconocida.

Reseña original.

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Reseña: “Un autor inteligente capaz de entretener de principio a fin”

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Hace unos días el bloguero y escritor Ismael Cruceta reseñó en su web Cajón de Historias Los últimos días del imperio celeste y aquí está su opinión sobre la novela.

 

Los últimos días del Imperio Celeste es la segunda novela de David Yagüe. Una novela de aventuras ambientada en China en 1900, cuando se gestó y eclosionó la rebelión de los bóxer, un grupo organizado que quería evitar la injerencia política y social de las potencias extranjeras, especialmente europeas, en el país asiático.
Es una novela coral en la que los protagonistas son, en su mayoría, expatriados en China, como el español Ramón Álvarez, un buscavidas; Paul Kelly, un comerciante; o el misionero británico James Liddle. El libro narra las vicisitudes en las que se ven envueltos algunos personajes tras la desaparición de una antigüedad de enorme valor. Y por otro lado, funciona como un interesante documento para acercarse a la historia del gigante asiático.
Es un libro muy dinámico, que va concatenando las acciones para atrapar al lector. Una de las cosas que más me ha gustado es cómo se explica el conflicto que va generándose entre chinos y extranjeros, y que finalmente estalló dejando un gran número de muertos, y lo que es más importante, sentando las bases de lo que sería la caída definitiva de la dinastía Qing, que tuvo lugar en 1911. Yagüe es capaz de narrar los sucesos desde diferentes ópticas, permitiendo al lector que conforme su propia imagen de los porqués de esta rebelión que marcaría definitivamente la historia de China hasta nuestros días.
He echado en falta, sin embargo, que hubiera un protagonista absoluto. Un personaje perfilado con más precisión que se convirtiera en el eje de la acción. Al principio, parece que será Ramón Álvarez, pero finalmente este cede el protagonismo, siendo la novela puramente coral, lo que, a mi modo de ver, le resta fuerza, porque el lector no termina de implicarse del todo con un personaje, acompañarle de principio a fin en su dicha o en su desgracia, aunque alguno de ellos tienen destellos de brillantez, como el de Sarah Liddle, o los mencionados antes.
David Yagüe demuestra su buen hacer a la hora de narrar acontecimientos cargados de acción, de hacerlo con una técnica muy visual y cinematográfica, lo que facilita la lectura e introduce al lector en el libro. Por el contrario, hay un par de momentos melodramáticos en los que no se logra crear el drama necesario que conmueve o emociona.
Los últimos días del Imperio Celeste es una novela de aventuras muy recomendable para todos aquellos interesados en la Historia Universal, también para los amantes de la novela histórica y una oportunidad para el público, especialmente el juvenil, de acercarse a estos acontecimientos contados con pasión. Un libro que merece la pena recomendar hoy porque en él hallamos un autor inteligente que es capaz de entretener de principio a fin.
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Los escritores españoles se atreven con todo

ibañez

Francisco Narla, con Ronin (Temas de Hoy), David Yagüe, con Los últimos días del imperio celeste (Rocaeditorial), y José de Cora, con La navaja inglesa (Tropo), manejan bien distintos recursos de la novela histórica.

Cuando uno se mueve en este mundillo editorial desde hace años, que un periodista especialista como José Luis Ibáñez Ridao escriba lo que veis arriba te da un pequeño subidón. Y más, si te pone al lado de escritores de la talla de Narla o De Cora (al que por cierto, conocí hace poco).

Además, la mención viene en un artículo que os recomiendo leer (es muy interesante) y con cuyo título estoy muy muy de acuerdo. Los escritores españoles se atreven con todo, y es algo muy positivo. Y lo que antes solo se podía traer de fuera, con traducciones, hoy lo podemos escribir aquí. Y eso es esperanzador.

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Dos crónicas sobre las jornadas de novela histórica de Best Seller y LaLivrería

Hola a todos, hace unas semanas participé en la organización de unas jornadas de Novela histórica (organizadas por Best Seller Español y La Livrería). La experiencia fue inolvidable, aunque seguro que con mucho margen de mejora.

En una de las mesas, además, participé hablando de género de aventuras y de Los últimos días del imperio celeste.

De todos modos, lejos de cualquier ombligismo, y por si no os pudisteis acercar, os dejo aquí dos crónicas sobre lo que dieron de sí las jornadas.

Una de Nacho Segurado y otra de la escritora Carolina Molina. ¡Que las disfrutéis!

Y por cierto, gracias a todos los que acudisteis o participasteis de alguna manera.

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Nueva reseña en Un lector indiscreto

Os dejo esta nueva reseña que salió hace unos días en el blog Un lector indiscreto. Una vez más, parece que la novela está gustando a los blogueros. ¡Gracias!

David Yagüe empezó a ganarse a los lectores con su primera apuesta literaria: Bravo Tango Siete. El contratista, un trhiller trepidante ambientado en el Iraq post Hussein. Las críticas lo dicen claramente. Está claro que hay una nueva generación de autores que están llamados a ser una realidad en este bello y al mismo tiempo difícil arte de narrar historias. Y digo difícil porque hoy día pocas editoriales apuestan por las jóvenes promesas.
Estamos en el año 1900. Los chinos veían cómo su país era una presa fácil de las ambiciones extranjeras. Las dos guerras del opio y los tratados de paz firmados con las potencias extranjeras fueron considerados injustos por los habitantes del país asiático. La masiva llegada de misioneros cristianos occidentales provocó roces con la iglesia católica y los protestantes. Los llamados puños rectos y armoniosos o bóxers, un grupo que se opuso inicialmente a la dinastía manchú de los Qing pero más tarde se reconcilió con ella y se concentró en el norte del país, donde las potencias europeas habían comenzado a exigir concesiones territoriales, ferroviarias y mineras, impulsan un levantamiento popular con el fin de expulsar a todos los extranjeros de China.
El Imperio Celeste traía en vilo a todas las potencias mundiales. En ese período turbulento se produce un robo en un almacén propiedad de la Kelly Co., en donde se guardaban unas antigüedades de la dinastía Ming. Paul Kelly, el hijo del propietario, es el encargado de averiguar lo que ocurrió. También el español Ramón Álvarez, veterano de la guerra de Filipinas, intentará descubrir lo que hay detrás del asesinato de su amigo Luis Garrea. Esta es la excusa que David Yagüe utiliza para hablarnos de ese período turbulento de la historia de China que supondría el principio del fin de la Dinastía Qing.
Es de agradecer cuando una novela de ficción histórica está narrada con frescuraEl autor sabe cómo ganar nuestra atención ante lo que cuenta y demuestra que sabe cómo hay que hacerlo. Los últimos días del Imperio Celeste está dividida en tres partes que corresponderían claramente con la introducción, nudo y desenlace. Son, asimismo, dieciocho los capítulos que la conforman, subdidvididos estos, a su vez, en pequeñas partes numeradas. Al comienzo de cada capítulo o de las partes en las que están subdivididos, estaremos informados de los lugares en el que se desarrollan los hechos, y el período en el que transcurren: entre abril y septiembre de 1900. Con esta estructura de la obra y la agilidad de la narración consigue ese ritmo trepidante que nos invita a seguir leyendo pues los giros y las peripecias de los personajes nos enfrascarán en su lectura de tal forma que, sin darnos cuenta, incluso llegamos hasta la página en la que nos dice en qué fecha se imprimió.
Es una novela coral, pero el lector verá cómo poco a poco irá reconociendo a los personajes que en ella nos encontramos, unos históricos- En La Ciudad Prohibida, la emperatriz Ci Xi y el príncipe Tuan; en el barrio de las legaciones, los diversos representantes de las potencias extranjeras- y otros creados por la imaginación del autor, como el español Ramón Álvarez; el ruso Vladimir Noskov; Sarah Liddle, irlandesa y esposa del misionero James Liddle; Lin, cristiana convertida o Liu Han, sicario del príncipe Tuan y uno de los cabecillas de los Puños Justos y Armoniosos. Esa riqueza de personajes que atesora la novela serán fiel reflejo de la condición humana, lo que hará que empaticemos con unos y deseemos lo peor para otros. Al final de la novela nos encontraremos con el reparto de personajes que intervienen en la misma por lo que se podría consultar si algún lector no tiene clara la identidad de alguno de ellos.
Será un narrador omnisciente quien nos ponga al tanto de lo que ocurrió en aquel turbulento año. Por él sabremos lo que sucede en los diversos escenarios que nos encontraremos a lo largo de la novela. Unos escenarios y unos hechos perfectamente recreados por la labor de documentación realizada, consiguiendo el efecto de sentirnos transportados a ese período tan convulso que se vivió en China. Al principio de la novela nos encontramos con un mapa de Pekín en 1900 y un plano sobre la llamada Marcha de la Alianza que incluye el itinerario que siguió el ejército de rescate aliado hasta la capital china, pues los representantes de las legaciones extranjeras, los misioneros cristianos, tanto católicos como protestantes, y los chinos convertidos veían como su integridad física estaba en peligro ante la ferocidad de los ataques de los bóxers, que hacían inevitable la presencia de un contingente militar para poner fin a la continua barbarie cometida por quienes deseaban la expulsión de los diablos colorados a toda costa.
En Los últimos días del Imperio Celeste el lector se encontrará con ingredientes como acción, cargada de violencia en algunas ocasiones, pequeñas dosis de humor, intriga, aventura, pasión, lealtad y traición. Solo me queda recomendar su lectura.
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Los últimos días del imperio celeste en Qué Leer

Que Leer

 

Para uno que lleva unos cuantos años metido en este mundo del libro es un placer ver tu novela en una revista como Qué Leer. Un regalazo.

 

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